LAS COSAS DEL CASO
En un par de semanas escasos se me han ido dos buenos amigos y una prima-hermana. No mucho tiempo antes, otra querida amiga y otro familiar habían cogido la puerta de salida. Dios sabe dónde. Eso me deja un tanto tocado, quieras que no… Y da cierto margen a la introspección. Al fin y al cabo, la etiqueta de barras de lote de mi bote no debe tener su fecha de caducidad muy lejos en el almanaque del tiempo. Y, aunque uno se lo tenga muy meditado, y crea saberlo todo, puede que esté equivocado, y que las cosas funcionen de otro modo al pensado. Resulta inevitable… o casi inevitable. Lo apunto así, porque una cosa es creer, y otra querer creer, y eso funciona con todos y con todos… Aún creyendo estar convencido, nunca se está del todo. Por pequeño que sea el margen de duda, éste se intensifica en la misma proporción en que se reduce. Lo que pasa es que estas cosas todos tenemos tendencia a callárnoslas; a guardarlas en el rincón más íntimo del desván mental; a ser prudentes con ellas...