VIVIR Y APRENDER
“ Nunca se pierde. Siempre se aprende ” (Nelson Mandela)… No hay media docena de palabras mejor combinadas. Ni frase más corta que llegue más lejos. En dos bien definidas partes: una promesa y una esperanza, parece exponerse el objetivo de la humanidad a través de cada persona. La promesa es que nada se pierde. Por mucho que nos cueste creerlo – yo el primero – desde que el ser humano nace a una realidad, nada de lo que piense, sienta, diga o haga, se pierde en ninguna nada, puesto que forma parte del circuito de causa y efecto; y eso supone, al menos, un par de cosas: que la nada no existe, y que todo sirve por algún motivo que parecemos desconocer. Y la esperanza es, precisamente, eso mismo: que valga para algo, o mejor: que “ nos ” valga muy particularmente para todos y cada uno de nosotros… Es el nada sucede por nada que Jesús nos dejó caer en aquel ejemplo, enigmático, de que “ no cae un solo cabello de vuestras cabezas sin que Dios lo sepa ”. Resume la sabiduría...