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CONFESIÓN

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                Soy emotivo, no reflexivo; soy emocional y poco prudente con según qué gente. Y eso me condena a parecer prepotente… ¡Vaya por Dios!, si se fijan, me ha salido un pareado aquí al lado. Y es una parida. Pero una parida con sentido, porque ese es uno de mis grandes defectos. Y eso afecta a mi comunicación con algunas personas, de la cual me retraigo cada vez más, conforme me hago más viejo, encerrándome en la introspección. No es mala la introspección. Es un refugio idóneo para poder pensar más y hablar menos, y eso es bueno. Pues a nadie se ofende pensando, pero sí se puede ofender (o sentirse ofendida) hablando.                 Yo ya casi que no me ofendo por nada. Pueden decirme que soy un hideput, y salvo quizá un tanto molesto, o sorprendido… y puede que ni eso, lo que no suelo sentirme ya es ofendido. Si...

CUESTIÓN DE CONCIENCIA

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Yo no me considero animalista, que conste. Pero tampoco me considero antianimalista. Lo digo, porque aquí somos muy dados a polarizarnos inmediatamente. Si digo que no soy feminista, por ejemplo, automáticamente se me tachará de machista, y la verdad es que no me creo ni lo uno ni lo otro… ¿Y saben por qué?. Por la falta de respeto que supone etiquetar   y/o ser etiquetado de la etiqueta contraria. Aquí no hay espacios comunes, aquí solo existe beligerancia. Si uno se confiesa una cosa, se posiciona y lo posicionan frente al grupo opuesto, si es que lo hay. Como una declaración de guerra. Así que no, tampoco me considero animalista, aunque no faltará quién me encasquete el marchamo de serlo. Pero eso me da igual…                 Lo estoy es en contra de la prepotencia humana sobre el animal. No hablo de la capacidad, si no de prepotencia en el uso y abuso de tal capacidad, o sea, despotismo, cru...

EN LOS ALCÁZARES...

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…Tres años después. Si entonces los efectos de la gota fría fueron desastrosos, esta vez han sido devastadores. El problema no es que la Riada de Santa María, como ha sido bautizada por nuestro presidente cameral y rápidamente adoptada y adaptada por la oficialidad – brillante aportación del Ejecutivo, a fe mía – sea recordada en los tiempos venideros como un luctuoso recuerdo. No. El problema es que no sea recordada por el simple detalle de que se convierta en un hecho natural, repetible y no aislado. Ese es el auténtico y genuino problema. Los partes (y partos) oficiales se esfuerzan en difundir que es un fenómeno no debido al cambio climático, que siempre han existido, aún con otros nombres. Y sí, es verdad. Pero lo que no dicen es que el cambio climático, ya irreversible, lo multiplica, tanto en frecuencia como en potencia.                 Y aquí, nuestra actual mediocridad política, alta, baj...