SENSACIONES
La cotidianidad es un lenitivo para la inseguridad. Parece como si la rutina protegiera; es cómo crear familiaridad en tus actos; y que el ritual de los días teja un capullo donde sentirte seguro… Sin embargo, también supone, a la vez, una especie de cobardía autolimitante. Algo que, al mismo tiempo que te otorga calidez y comodidad, también te inyecta una impotencia paralizante. A modo de anestesia. A veces es como un sueño letárgico a la espera de un final que parece no terminar de llegar… o quizá es que tan solo lo aparenta. A mí me parece que es el ensayo de una suerte anunciada. Hace unos lustros ocupaba más espacio del tiempo del que tenía, y hoy ya me sobra lo segundo para ocupar lo poco que necesito del primero. He encogido en ambos dos lo suificiente como para preguntarme si era tan necesario hacer lo que hacía, y con la prisa que lo hacía… No lo sé, pero no pierdo la esperanza de que, alguna vez, llegue a saberlo. La verdad es que lo considero necesario para montarse el...