¿EXISTE DIOS..?

Mis cientos de libros – quizá miles – leídos, me ha llevado a la conclusión, al menos, de un par de cosas: que para dar respuesta a una pregunta hay que hacerse un montón de preguntas sobre esa misma pregunta; y que, para acercarse a una respuesta, hay que alejarse antes analizando los diversos significados que nacen de esa misma respuesta… Es el ejercicio intelectual al que me ha obligado someterme uno de mis corresponsales, cuando me pregunta si existe Dios realmente.
Lo primero que uno tiene que preguntarse a sí mismo es qué entiende uno por Dios… Es un concepto tan difuso como impreciso, y esto hemos de reconocerlo previamente, antes de cualquier otra divagación. Normalmente, la gente tiende a definirlo como superior que gobierna nuestras vidas y existencias (no es lo mismo la una que la otra), y viene influenciado por las religiones, en su esfuerzo e interés por hacerse intérprete y hacerlo personal, a fin de someter a su credo a esas mismas personas.
Y lo segundo, es examinar la estructura de la pregunta, su semántica… No es lo mismo afirmar el rotundo ¡vive Dios! para reafirmar la fe, que hablar de su existencia. Y no es igual porque toda vida tiene un principio y un fin, y Dios no lo tiene, aunque sí que exista. Podríamos decir, aún en teoría, que Dios existe, pero no vive… y aún y así sería una reflexión simplista, si bien que la más aproximada a la realidad, o, al menos, a nuestra realidad. Porque esa es otra: la realidad la manufacturamos nosotros, según nuestro libre entender y albedrío. Y, precisamente por eso, la idea de Dios es un constructo nuestro, más que del mismo Dios.
Entonces, ¿a qué atenerse?.. se preguntarán. Pues quizá que a tirar del hilo que marca la lógica, digo yo. Mi sistema es seguir el relato religioso, si bien que bajo la lupa de la ciencia, que, al fin y al cabo, es la más afín a lo posible, puesto que lo otro es una narrativa. Está meridianamente claro (y demostrable por el Big Bang) que el universo no se hizo solo a sí mismo, pues procedió de una “voluntad” concreta anterior a lo demostrado por Stephen Hawkings… Al igual que también ha quedado demostrado (cambiando los “días” del Génesis por eones de tiempo) que el ser humano fue el último en aparecer, de todo el aparato de la llamada “Creación”. El último mono, y nunca mejor dicho.
“Y Dios descansó”, dice el Génesis; o se quedó descansando, que digo yo… Pero esa Creación, o Evolución, no ha terminado. Y queda claro que el agente activo es la humanidad. Esto es: con la aparición del ser humano – u otros seres inteligentes – Dios se hizo inteligible en esa misma creación y para esa misma creación. La cuestión ahora ya no debería ser si Dios existe o no existe, sino el objetivo, el sentido, la finalidad, el propósito de toda esta historia en la que nos hayamos metidos… Pero, indudablemente, si existe un propósito inicial antes de que nosotros “naciéramos” a este mundo, por puñetera lógica tiene que deberse a ese mismo principio, o voluntad, a que nosotros llamamos Dios. Luego ese tal Dios, existe, y no ya porque lo digan las religiones, sino también porque los fundamentos de la Física Quántica lo intuyen y lo están señalando.
Una vez claras las probabilidades de su existencia, la otra cosa del caso es su naturaleza… Y aquí es donde religión y ciencia se dan de hostias, con perdón. La primera lo presenta como un gran taumaturgo, divino en su esencia y humano en su presencia (¿quién está hecho a imagen de quién?), que gobierna el mundo, premiando y castigando a diestro y siniestro… Y la segunda lo asocia a un principio de energía inteligente, que, como todos sabemos por la segunda ley de la termodinámica, “no tiene principio ni fin, pero se transforma continuamente”. En román paladino: energía, sí, pero dotada de una especie de inteligencia primigenia.
Así que por ahí anda el juego de tronos este, respondiendo al que me hizo la preguntica del título de este articulete del reporter Tribulete (me remito al TBO de mi época)… Mi, ya opinión personal, va pues en esta línea: Dios opera en la evolución de la materia, creada por la condensación de su energía – a veces puede parecer involución – a través del ser humano, al que le ha incorporado, si bien que “rebajada”, su propia Conciencia… Como un buen vino, pero aguado, para que no se nos suba a la cabeza. El mecanismo de autoregulación es la Ley de Causa y Efecto, a través del cual se experimenta y se sacan las conclusiones.
Dicho de otro modo: Dios sería la Causa, y el hombre el efecto de dicha causa… si bien, claro, naturalmente, nosotros producimos también nuestras propias causas con nuestros propios efectos. Encaja perfectamente con el movimiento entrópico del universo. Los infinitos niveles de condensación materiespiritual corresponden a los infinitos grados de conciencia con respecto a Dios (de ahí la explicación por parte de las iglesias a la existencia de los ángeles), como superiores, o incluso inferiores, al propio ser humano, ya que estamos formados de, y con, la misma energía… De hecho, en la antigüedad, los hombres han adorado a esos ángeles como sus dioses, confundiendo el efecto con la causa.
“Dios es nuestro origen y nuestro destino, y todo lo demás es el camino”, creo que dijo S. Juan de la Cruz… La vuelta al punto de salida; el círculo que se completa… Aunque, si me lo preguntan, yo les diría que se parece más a una espiral, puesto que el círculo tiene un principio y un fin que Dios no tiene. Es igual, pero sin ser lo mismo.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
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