GUERRA Y RELIGIÓN
El Papa ha advertido esta Semana Santa sobre que “nadie puede utilizar a la religión para justificar la violencia”… No deja de ser más que una frase retórica, que, según dónde, cómo y cuándo, siempre queda bien, puesto que la Historia refleja que la inmensa mayoría de las guerras más cruentas han sido justificadas por motivos religiosos. Y, como las religiones van siempre aliadas al poder, lo político ha tenido mucho que ver en ello; y como ambos dos van unidos al dinero y a los intereses económicos, la religión ha sido la justificación para obtener más riqueza y poder.
Pero el atavismo religioso sigue estando detrás de toda violencia ejercida por motivos de ese mismo poder, influencia e intereses económicos. Ayer se ponía en primer lugar, y hoy casi que también… Que León XIV haya dicho tal cosa, es porque Netanyahu ha prohibido los actos católicos del Domingo de Ramos en Jerusalén, poniendo como excusa la inseguridad por la guerra con Irán. Nada más falso por ambas partes, si bien deja claro que la religión es la mejor emulsión para cualquier guerra donde haya algo de valor que esquilmar y tierras de las que apropiarse.
El Judaismo, hermano por Abraham del Islamismo, han sido siempre como Caín y Abel, fratricidas en sí mismos y por sí mismos, desde que Isaac e Ismael salieron cada uno por su lado por cuestiones de interés tribal. Pero la cuna fue, y es, la misma… Netanyahu no deja de mentar a Jehová para iniciar guerras expansivas, y mata y asesina indiscriminadamente en su santo nombre (como en las guerras antiguotestamentarias), pues así mueve a sus colonos ortodoxos, que son su ejército de ocupación más violento y criminal… Y, por el otro lado, las naciones islámicas, de gobiernos netamente teocráticos, que igual justifican su terrorismo en nombre de Alah, bien como defensa, o como ataque en sus ilegítimas sharías y también guerras santas. Aunque los motivos de ambos sea el petróleo y el control territorial para influir en la economía mundial… Eso sí, siguen usando a las religiones como arma, motivo y excusa.
Sin embargo, mientras judaísmo e islamismo son hermanos entre ellos, el cristianismo (versus catolicismo) es hijo del judaísmo, y las tres forman las por conocidas como “Religiones del Libro”… Mantienen en común el Viejo Testamento, mientras, en nuestro caso, se hace nacer del mismo el Nuevo, con las enseñanzas de Jesús, el Cristo; si bien que debidamente adoptadas y adaptadas por el paulismo, a fin de rebajarle el cristianismo y aumentarle el catolicismo, que no es lo mismo… Y no lo es, porque el mensaje holístico y de universalidad que vino a traer Jesucristo, no era para fundar una nueva religión, sino para transcender toda religión y todo tipo de curia a través de un solo Dios-Padre personal y único, que habríamos de descubrir dentro de todos y cada uno de nosotros, y fuera de todo templo o iglesia. Lo que pasa es que, si bien se conserva la semilla, no se plantó en la maceta adecuada. Precisamente.
Y he aquí los terceros en discordia. El occidente rico, y hasta hoy nidal de los derechos humanos y libertades, son de extracción cultural catolicristiana, si bien participan de los mismos intereses de poder y dominio de mercado, que es lo que, en realidad, se disputan en sus guerras. Pero no es casualidad que los principales líderes que nos están montando esta conflagración mundial sean ulraortodoxos católicos, que se confiesan como enviados por el propio Jesús, y digan defender los valores cristianos por encima de todo… Es, al fin y al cabo, la misma excusa que abanderan los otros dos en liza, para lograr lo mismo. Incluso todos los partidos ultras, también presumen defender tales principios, aparentemente cristianos, si bien que muy católicos.
Sin embargo, el nexo es el poder, el dinero, la influencia a través de la violencia; las oligarquías de mercado y financieras. Todos en nombre de Dios – de su dios, claro – como hace miles de años, pero porque es la excusa ciega que mejor funciona a la hora de expoliar y cometer genocidios… Buena prueba de ello, es que, la menos fanatizada de las tres, la nuestra, se ha mercantilizado hasta el punto de convertirse a sí misma en un macromercado. En puro negocio del ocio; en compraventa de sacralidades y bendiciones; de ritos, mitos y refritos; de tradiciones narcisistas y falsedades escapistas.
Trescientos treinta millones de turistas viajan por turismo religioso. Once de ellos van a México, a la Virgen de Guadalupe; ocho escogen Fátima; luego sigue nuestro Santiago, Lourdes, Vaticano, y vuelta a Jerusalén, a sus dudosos lugares santos, y otros mucho menores que se suman a lo ya inventado… Se les llama, eufemísticamente, “Itinerarios de la Fé”, pero son Mercaderes del Templo… El 70% de los españoles viajan en Semana Santa y se esturrean por las procesiones de interés turístico regional, nacional o internacional. Y se añade a la veneración, previo pase de taquilla, a las 60 capillas que albergan dedos de San Juan; o a la Faja de la Virgen de Aquisgrán; o a los 15 cofres depositarios del Santo Prepucio; o con las riquezas que les hemos colgado a nuestro santerío, acompañado de la pobreza de los que se mueren de frío y de hambre a su alrededor.
Pero todo va en el mismo paquete, porque todo es de la misma naturaleza… Mire, yo soy ateo, pero que no me toque “mi” Macarena, que me lo cargo. Esto es lo que somos… El gran Julio Camba, ya en 1.907, escribía: “La Semana Santa es una fuente de riqueza, y merece el respeto de políticos y economistas”… Pues bien, todo el mundo entero es el mismo zoco, y la actualidad es una gran, enorme, gigantesca semana de pasión donde se producen indiscriminados despojos, guerras y holocaustos, por el interés de monopolizar los grandes negocios por los que se mueve el planeta, pero poniendo como excusa y motivo cada uno a su dios, a través de la religión que lo representa… O por la que se deje representar, que esa es otra siendo lo mismo. Y todos participamos entusiásticamente en ello… y de ello.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
Comentarios
Publicar un comentario