DESCATEQUICÉMONOS

No tengo empacho en volver a repetirlo, si así se tercia: sincera, honesta y abiertamente, no creo en la muerte, simple y llanamente porque, si la muerte existiera, la vida sería absurda, sin propósito ni objetivo. Por supuesto que el principio platónico de que “todo lo que tiene un principio habrá de tener un final”, es rigurosamente cierto, claro…Pero esa ley – también cartesiana – se refiere a todo el mundo creado de materia, que nace, se desarrolla, envejece y desaparece. Eso es tal cual. Pero existe una fuerza invisible que usa, anima y hace vivir a esa materia (llamémosle espíritu, o lo que le plazca). Esa energía es no creada aunque sí que sea nacida de…por lo que, al no tener un principio, tampoco tiene un final. Pura lógica y sentido común.
Así que vuelvo a confesarlo sin ninguna estridencia: un servidor cree en la no-muerte, que no en la muerte… Tampoco deseo que confundan esa no-muerte con la Resurrección que pinta la Iglesia en sus barrocos discursos. Lo que es eterno, aquello que no tiene un principio ni un fin, no necesita resucitar de nada para nada, por el simple hecho de que lo que no muere no precisa resurrección alguna. Tampoco es tan difícil de entender. En realidad, lo que enseñó Cristo a sus seguidores es eso mismo: que la muerte no existe, que él tan solo “regresaba a la Casa del Padre”, tras la misión que vino a cumplir en este dolido y jodido mundo. Su despedida fue una especie de allí nos veremos… Su cuerpo le fue dado aquí, para cumplir su función aquí, de esa Casa vino sin cuerpo, y allí no lo necesita para nada.
Lo que no puedo entender por mucho empeño que le pongo es el credo católico de la “resurrección de la carne”… ¿Qué carne?, ¿la que se pudrió y se sigue pudriendo?, ¿cómo y de qué manera?, ¿por qué y para qué?. Como la respuesta no puede resultar convincente, atinan con una fórmula entre la magia y la ciencia: se levantarán revestidos de un nuevo cuerpo, y, además y a ser posible, glorioso… Pero eso es una ley de la Física ya descubierta hace mucho tiempo: “la materia no se crea ni se destruye, solo se transforma”. Por lo tanto, eso no tiene nada de milagroso. Se trata solo del principio de la energía. Ni más, ni menos, que tampoco es poco. Y/O del movimiento de entropía universal, que funciona por ese principio, precisamente.
La cuestión se centra en el motivo de ese encerriscamiento en resucitar en cuerpo mortal, que es el símil perfecto del “no vas a salir a la calle en cueros”, que se aplica a Jesús, La Virgen, algún santo preferido, y a nosotros si somos buenos y nos portamos bien, y como consolación final… Los que les peguen una cerilla a sus cuerpos, ¿se nos negará la resurrección, o renaceremos desnuditos de cuerpo pero con el alma chamuscada?.. La única explicación que se me ocurre es que la Sancta Institutione, para seguir funcionando en sus dogmas, mando y privilegios, y someternos a sus ritos y disciplina, nos necesita encerrados en la cárcel de un cuerpo, no en cualquiera de “las otras muchas moradas que hay en la casa del Padre”, no vaya a ser que se les jorobe el invento. Y con esto, claro, sopla a su favor el viento de la ignorancia. Se les ha ido el cambalache del cuento del Infierno, para los que no tiene una explicación; por otro lado el cielo no se merece con lo que aquí hacemos, y se aferran a lo confuso de la resurrección de los cuerpos (reencarnación búdica, a la postre).
Raymond Moody, Elizabeth Kübler Ross, Michael Newton, y otros muchos científicos, médicos, investigadores y terapeutas han escrito excelentes libros con una base absolutamente irrefutable.. Incluso en nuestro país tenemos autoridades indiscutibles en la materia como el Dr. Sans Segarra… Sin embargo, me voy a permitir recordarles, pues sus conceptos son más sencillos, lineales y asequibles a cualquier nivel de comprensión, a la básica y humilde elementalidad de la valenciana Raquel Sáez, internacionalmente reconocida, y que habla para todas las entendederas. “El Abrigo del Alma” por ejemplo, es un libro donde desnuda sus experiencias personales.
Por supuesto, se me puede contraponer que si yo creo en esas historias, que bien pueden ser escritas por farsantes… Bueno, realmente son más fáciles de creer que mucho de lo que se describe en las “sagradas escrituras”, dicho sea de paso y sin ánimo de ofender, o de los “milagros” que obliga a creer el catecismo, y lo digo sin malicia y sin llamar en mi auxilio a la Física Quántica en la que tengo el vicio de apoyarme. En realidad, cada cual ha de evolucionar, o no, según el objetivo (por subjetivo que sea) de su propia conciencia, que, cuánto más abierto sea su diafragma – visión – más panorama abarcará de los casos y las cosas. A eso se le suele llamar apertura mental, que se logra con la práctica del librepensamiento.
Y no es un capricho en modo alguno… La humanidad se encuentra en la actualidad enganchada a múltiples y variados anzuelos: el consumo, los viajes, el hedonismo, los “finde” y vacaciones, el festivaleo del veraneo, los mundiales o competiciones circenses, procesiones, rituales y tradiciones engañosas pero efectivas…Y todo con la única finalidad de esturrear nuestras mentes y que no se piense en lo que de verdad es determinante e importante… Se nos ha educado en el abducimiento; en el mirarnos el ombligo en vez de preguntarnos lo que somos y para qué somos, que, por cierto, no es para esto. Adoramos la calderilla de oropel y despreciamos lo fundamental y trascendental.
En eso estamos, y en ello nos revolcamos. La situación actual del orbe no es precisamente halagüeña. Pisamos terreno movedizo y apocalíptico, y nos empeñamos en una huida hacia adelante como un ganado desbocado… Se están perdiendo cientos de miles de vidas (que no de existencias) entre catástrofes no enteramente naturales y más bien provocadas, y guerras innaturales. Y hambrunas desnaturalizadas. Genocidios protagonizados por nosotros mismos… Y no es una visión pesimista, si no tremendamente realista, de nuestra trayectoria colectiva terrenal. El punto en que nos encontramos (lo dijo el otro día el Secr. Gral. de la Onu) es CRÍTICA… Tres jacos del Apocalipsis: el clima, la economía y la política, ya han saltado a la arena, sembrando calamidades; el cuarto jinete se reserva a sí mismo para la puntilla. Cada cual crea lo que le convenga creer.
Existe un proverbio anónimo: “cuando señales con un dedo, siempre hay tres que te señalan a ti”. Y son tuyos… Nosotros, como humanidad, nos estamos señalando a nosotros mismos mientras apuntamos con nuestro dedo a otros. Esa es la pura y dura verdad.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

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