CANTAR MISA

 

Alguien me pregunta si en los evangelios Apócrifos y/o Gnósticos se establecen específicamente los sacramentos y los dogmas… Bueno, los dogmas, rotundamente, no; y los sacramentos, yo creo que tampoco. La palabra latina Sacra Mentum sería el equivalente latino a nuestro juramento, el empeñar la palabra, el hacer una promesa sagrada; y solía usarse mucho en las legiones, como una especie de Jura de Bandera (Lábarum). La Iglesia los instituyó según conveniencia, con el único fin de constituir una serie de ritos que mantuviera la conexión curial con los creyentes. Al final, con el paso de los siglos, y los milenios, el rito se confunde con el mito, y la tradición se diluye en la repetición.

La consultante me pone por ejemplo uno de los más importantes y conocidos, como es el de la Eucaristía… Lo cierto es que en ningún evangelio “no canónico” tiene recogida como en los tales canónicos. Más bien todo lo contrario. De hecho, en el protoevangelio de Marcos (12,12-19) se relata que sus habituales le preguntaron para la comida  pascual judía: “Maestro, ¿dónde quieres que hagamos los preparativos para la comida de Pascua?, y que Jesús les respondió: “¿acaso deseo yo comer carne con vosotros en esta Pascua?”. Comiéndose tan solo que pan y hierbas amargas, ni siquiera vino se sirvió en aquel ágape.

Resulta muy curioso que en la obra primigenia de la Santa Cena, de Leonardo da Vinci, no pintara en la mesa ni copas de vino, ni bandejas de viandas, ni utensilios añadidos a todas las copias espurias posteriormente diseminadas y malcopiadas de su original. Luego, lo del pan y el vino, solo fue pan y agua… Incluso en el evangelio de los Ebionitas se dice que en aquella especie de comida pascual “no hubo el fruto de la vid”, pero sí pan que Jesús partió entre los asistentes… Por cierto, entre tales asistentes, se dice que, además de los discípulos, Jesús invitó a sus muy queridos amigos de Betania: Lázaro, Marta y María; “y también a Santiago, el hermano del Señor”… O sea, dieciséis personas.

Precisamente, se pone en boca de este Santiago que “no entrará más pan en mi boca hasta que vea volver al Hijo del Hombre de entre los muertos”, en tono apesadumbrado,  por el anuncio de su hermano (Evangelio de los Hebreos, 17)… Sin embargo, ninguno dice nada, salvo un largo Himno participado por el Salvador, que desgrana tras “Respondedme con el Amén”, y que se relata en Hechos de Juan, 94-96, en el que se dicen cosas interesantísimas como: “Lo que la gente ve en mí / Eso no soy / Y lo que Yo Soy, ya lo verás / Cuando vengas ante Mí”… Y lo más cercano y parecido a lo que cuentan los canónicos, es su enigmático: “Voy a comer, y seré comido. Amén”, dentro de un contexto absolutamente distinto a como lo interpreta el dogma. Es más: en un sentido holístico de la naturaleza y del universo, muy reiterado, por cierto, en los Textos Gnósticos, que esa es otra… Naturalmente, me limito a responder – sin poner ni quitar nada – y lealmente, a lo que se me pregunta.

El cómo se explica esos rituales, himnos y preparaciones, tan extraños a primera vista, y ese sorpresivo vegetarianismo del nazareno, puesto de manifiesto en una comida pascual, tradicionalmente judía, donde la carne de cordero y la copa de vino eran aparentemente esenciales y consustanciales en el rito de sus contemporáneos observaban cuidadosamente, tan solo podemos hacerlo si somos capaces de penetrar un poco en las enseñanzas secretas de ese mismo Jesús, a otros niveles de mayor comprensión y calado. Desde luego, la comida pascual, que conmemoraba los 40 años de éxodo del pueblo judío desde Egipto, solo podía contener agua, pan ázimo y hierbas amargas.

Yo estoy seguro que la Iglesia, como institución, tiene conocimiento de todo esto, y que lo guarda celosamente en sus arcanos archivos vaticanos, para que solo lo sepan los justos y escasos, y con el compromiso de confidencialidad debida, y todo eso… Pero que se cuida muy bien de divulgarlo entre sus 2.400 millones de fieles creyentes… en lo que ellos han montado, claro; porque minaría la credibilidad y autoridad de tal Iglesia, puesto que se sustenta en dogmas más que dudosos, cuando no contradictorios. La mejor estrategia es decir lo que conviene y callar lo que interesa. Y hay más de lo segundo que de lo primero.

Por supuesto, cuánto yo pueda escribir, por lo poco que sé de estos interesantes (por determinantes) temas, es porque me he ido a los afluentes de  los textos apócrifos y gnósticos, entre otros, e ilustrándome con las interpretaciones de autoridades en la materia, como el investigador Antonio Piñero, entre otros muchos y como más cercano; catedrático de Filología Griega de la Complutense madrileña; especialista en lengua y literatura sobre el Nuevo Testamento, y en Judaísmo y Cristianismo Primitivo, entre otros casos, cosas y casas… Y claro que no soy capaz de inventar ni transmitir nada que no haya sido previamente contrastado por la Historia y por la Lógica, ¡faltaría más!..

En concreto, esta información proviene de la obra del mismo autor, “El otro Jesús” (Vida de Jesús, según los Evangelios Apócrifos)… No les cuento de los Gnósticos para no ser piedra de escándalo, que, seguro, lo sería… Luego, aparte, otra cosa distinta, es que yo les dé crédito como transmisor, o no. Miren, sinceramente, y como decía aquél, “yo ni creo ni dejo de creer, pero tampoco dejo de leer”; y procuro creer en lo que me dicta la coherencia y la ciencia, y la conciencia; y no en absurdos por interesados dogmas apoyados por unos más que dudosos por inventados “SacraMentums”… Por eso estoy más cercano al pragmatismo del gnosticismo, que se me descubre, cada día más, en la Física Quántica, salvando las distancias, claro, y con todos mis respetos, que es otra verdad semiescondida… Lo demás se lo dejo a la lógica, a la ética, y a la libertad intelectual que nos debemos entre las personas. Cada ser humano es mucho más que todo un mundo…

        Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com

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