OTRA PARÁBOLA

El río aquél corría libre y despreocupado por los ventisqueros y los riscos nevados. Luego pasó por gargantas profundas y cañadas, hasta llegar a verdes campiñas, a las que dió la vida que llevaba en sus aguas.
Pero llegó a un desierto, y vio cómo se agostaba y consumía por el calor, y temió por sí mismo, gritando su agonía a un cielo que le negaba la lluvia… ¿Qué podía hacer para no morir?..
Y una vieja palmera que se alzaba por allí, compadeciéndose de él, le gritó con el viento desde el extremo de sus ramas: “evapórate y salvarás toda tu esencia”. Y aquel río, comprendiendo, se dejó llevar hasta ser abrazado por las nubes del cielo… El que quiera entender, que entienda.

Miguel Galindo Sánchez / www.galindofi.com / miguel@galindofi.com
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