MAGOS REYES MAGOS

Los reyes son reyes porque lo heredan o lo conquistan, y los magos son magos además de reyes, porque culminan la magia de la Navidad e inauguran la cuesta de Enero… Toca pagar todo el dispendio desde el Black Friday acá, pasando por un Papá Noël añadido y ajeno a la tradición cristiana, que es lo que se dice que se celebra… Nada más falso, recalentado y reinventado que eso, pero, de alguna forma, es la venganza que se tomaron los mercaderes con un Cristo desterrado del templo y convertido en excusa de Mercado.
Es algo que cuentan que ocurrió los evangelistas Mateo, Marcos, Lucas y Juan, este último, por cierto, el más increíble de todos, dicho sea de paso y porque viene a cuento… Indignado Jesús al ver que el Templo se había convertido en lugar de negocios; con los cambistas de valores – dracmas, ases y denarios – en sus tenderetes; los vendedores de palomas y animales (como pago de comprados sacrificios y componendas), y falsos abalorios, tomando el lugar verdadero del auténtico sentido de la palabra divina, dicen que se hizo un látigo de cuerdas, con nudos, y golpeó a los mercaderes, y derribó sus mesas, esparciendo sus monedas por el suelo.
No soportó que se mezclara mercadeo y corrupción con la fe; no estaba dispuesto a que “su casa (la del Padre), una casa de oración, fuera convertida en cueva de ladrones”, dicho con sus mismas palabras… La ambición comercial había desvirtuado el sentido original de lo que significaba el Templo, manchando sus valores más puros… Pero no le salió gratis el enfado a Jesús, pues provocó la ira de los sacerdotes y escribas, orgullosos de sus cargos más que de sus supuestos méritos, y que participaban más de las riquezas y prerrogativas materiales que de los principios espirituales. Así que buscaron el mejor modo de castigar su osado atrevimiento.
Y lo lograron… El sumo sacerdocio judío transmitió, a través de Pablo, una iglesia mercantilista y efectista; arropada en una curia desmedida y desproporcionada para las austeras pero auténticas y genuinas enseñanzas de Jesucristo. Los mercaderes suelen ser gente que se cobra sus cuentas y rencores con intereses añadidos… Taparon y escondieron, pero nunca olvidaron, esa escena tan bien retratada por el Greco, que interpretó a Tiziano y a Miguel Ángel, porque su fe en el arte se sentía humillada por la avaricia de los cambistas… Ese enfrentamiento entre la fe y el dinero, convertido en un tumulto de rostros desencajados, y un cúmulo de cestas, jaulas, túnicas rotas, y hasta heridas…
A los mercaderes de entonces, que son los de siempre, les pareció inadmisible su expulsión del Templo, e intolerable, a pesar de basarse en una idea de bastardaje de la espiritualidad con los negocios. Como dice el gran articulista L. García Montero: “hay gente que se viste a crédito y se desnuda al contado”. Y en su desvestirse está el no darse nunca por vencidos. Por eso mismo que “la Navidad es el desquite de los mercaderes contra Jesús por haberlos expulsado del templo”. Es un aforismo cierto, claro y verdadero.
Así que los Reyes, como colofón de tales navidades, y que son más apócrifos que canónicos, prolonguen su mercadería hasta el “San Antón Pascuas son”; hasta lograr con su magia de magos que los regalos simbólicos a Jesús se conviertan en regalos simbióticos a cuanto crío sus padres se los puedan proporcionar, si es que igual se los pueden permitir. Que esa es otra, naturalmente. Que aquí la costumbre, una vez convertida en tradición, es la “Carta a pajera abierta”… Ya saben los que de esto entienden: se necesitan todo el oro, el incienso y la mirra, por caros que fueran tales productos en su época, para calmar y colmar el detalle, el capricho, el compromiso o la exigencia, que constituye uno de los mejores negocios de los cambistas.
Pero si aquel cambista evangélico traficaba con el valor de las monedas, el “Gran Cambista” de hoy te da el cambiazo de los valores morales traducidos a esas mismas monedas… No es lo mismo, aunque lo parezca en su definición; pero sí que es igual en su función: cambiar dinero por ilusión… Que en esas andanzas estamos en estos primeros días de calendario, no fuera que se nos olvide el único motivo y fin de aqueste breviario.
Tan es así la cosa, que, ni siquiera “gentilizando” la natividad jesuítica con el pagano “papanoelismo” – por no decir papanatismo -, ha logrado corromper la esencia de todo Espíritu Navideño… Y eso es porque la irreductible y auténtica naturaleza de tal esencia es el más puro y duro espíritu del mercantilismo. No de lo que se disfraza, sino de lo que se esconde con cada vez menos disimulo. Ya ni siquiera necesitamos excusas, ¿para qué?.. Aquellos romanos que ocuparon a los que luego se aliaron, ya lo decían: “Festejemosnos en las Saturnales, y adoremosnos en las Lupercales”. Y eso mismo es lo que hacemos. Exactamente lo mismo.
Empezamos un 2026 plagado de incógnitas e incertidumbres. De hecho, el número arcano del año es el Uno. Un uno puede significar tanto un principio como un después del final, dado que todo final trae consigo un nuevo principio… Así que lo menos malo que podríamos pedir es que podamos seguir costeándonos los próximos Reyes, cada vez más magos; y continuar repitiendo el nuevo sagrado rito, enterrado en los despojos del viejo: el de trabajar para gastar… Muchos otros ya no llegan ni a eso. Nuestra tercera parte de acólitos paisanos ya están en el umbral de la pobreza, aunque esos no salgan en los noticiarios de los que seguimos moviendo la rueda de los pudientes, esto es: de los que aún podemos, pero sin garantías de seguir pudiendo.
Esa es la puñetera, cruda y verdadera realidad, queramos o no queramos admitirlo… Hemos sobrevivido a estos Reyes Magos, y me daré con un canto en los ya cada vez menos dientes que me quedan, con que, “Virgencica mía, quédeme como estoy”… Así que, visto lo visto, y como suelen decir los monárquicos de toda monarquía: ¡Los Reyes Magos han muerto; vivan los Reyes Magos!
Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com
Comentarios
Publicar un comentario