NO ES JUSTO

 

Es la frase más corta y más reiterada. El “No es justo” es un concepto que aprendemos en nuestra más tierna edad, y que repetimos constantemente mientras vamos creciendo, ante cualquier adversidad o contradicción… Aunque, bueno, tengo que decir que a los de mi generación ni se nos ocurría emplearla ante nuestros mayores, por si se nos caían los dietes, y más en una época en la que nada era justo, pero así se aceptaba. Entonces, el no es justo era como pegarle una patada al pan caído de la boca. Si era o no era justo, se le recogía del suelo, se le besaba, y se comía por duro o manchado que estuviera… y se daban gracias, además.

Si analizáramos esa manida queja, habría que hacerse unas cuantas preguntas: ¿qué no es justo?, ¿por qué no es justo?, ¿para quién no es justo?.. y, sobre todo, ¿qué es lo justo?.. Nuestro sentido de justicia es absolutamente maniqueo. Entre dos personas que litigan, siempre habrá una que suelte lo de no es justo. Digo más: hay tantos sentidos de lo justo como seres humanos en el mundo con capacidad de opinar… en un mundo, por cierto, donde nada es estrictamente justo, o parece justo. Un jodido y puñetero mundo en el que todo anda manga por hombro y en el que todos queremos llevar razón.

Lo que entendemos por JUSTO va en función de nuestra posición al respecto, y miramos más nuestros intereses individuales que los ajenos, o los colectivos. Pero, la realidad es que no podemos, no debemos, quejarnos de lo que tenemos, porque, en verdad, lo que hacemos es quejarnos por lo que no tenemos. Igual puede ser al revés, en función de lo que fuere eso que poseemos o carecemos… De hecho, aunque no lo crean, a nosotros se nos puso aquí para hacer justo lo que no lo es; y otro hecho constatado es que supone una responsabilidad que no cumplimos en absoluto. Somos nosotros los que hemos enseñado el uso de esas letras a nuestros hijos y nietos, porque los hemos educado en el dudoso merecimiento, más que en el certero deber.

Pero, claro que el mundo no es justo, ¿quién ha dicho que lo sea?, y, sobre todo, ¿quién lo ha hecho así?.. Las exigencias de cada cual son justas, o asi nos lo parecen, pero las consecuencias de esas exigencias propias en los demás, puede que a ellos no les parezcan tan justas. Eso no lo pensamos, o lo pensamos poco, o muy poco. Si existe un principio de justicia universal s que todos seamos iguales teniendo todos lo mismo; y ese principio existe aunque todos y cada uno de nosotros funcionemos a la contra del tal principio. De ahí que este mundo no nos parezca justo, ni lo será tampoco mientras no cambiemos radicalmente nuestra escala de valores, y empecemos a pensar y obrar contrariamente a como lo estamos haciendo.

El gran problema (quizá el principal y único) sea, pecisamente, el concepto de “Propiedad”. Se nos ha convencido de que el mundo es nuestro, cuando no lo es. Tan solo es un préstamo para que nos ayude en nuestra evolución. El aparcelamiento solo lleva al apropiamiento; a ser y tener más que el vecino, que pronto convertimos en siervo o enemigo para justificar nuestro “No es justo” y someterlo a nosotros… Y eso funciona a través de todo el que puede, y de toda sociedad y comunidad que formamos. Desde la tribu a la comunidad de vecinos pasando por el municipio, la región, el país o la comunidad de naciones… No existen alianzas para compartir, sino para repartirse el botín.

Hoy en día hay varios monstruos, como tras ellos están las multinacionales y oligarquías financieras de las que se alimentan, que han decidido que lo justo es que el mundo sea suyo. No importamos usted ni yo. Lo nuestro, lo que pensamos como nuestro, también es suyo. Y nuestro trabajo, y lo que comemos, que, aunque lo producimos nosotros, también es suyo porque nos lo venden ellos, nos los encarecen para que se los compremos con SU único y particular beneficio. Así, todo y todos, incluídos nosotros, somos propiedad de ellos.

Y esto está tan meridianamente claro, que parece mentira que nadie lo vea… O, a lo peor, es que no queremos darnos cuenta por preservar nuestra ración de pienso… Y eso sí que no es lo justo. Sin embargo, es lo que es. Y lo es porque todas las leyes universales sí que son justas, y se obligan a mantener la Ley de Causa y Efecto. Nosotros mismos, usted, yo, el de la otra acera, todos estamos empezando a sufrir los efectos de unas causas que nosotros mismos hemos generado desde que empezó a rular este juego en el tablero… Luego, sí que es justo.

No existe un solo acto o pensamiento humano sin consecuencias. Cuando los actos pasan de lo individual a lo colectivo, esto es, cuando las personas se gentifican, las consecuencias, buenas o malas, se multiplican. Y se colectivizan… Y, naturalmente que es justo que así sea… No puede ser de otra manera; no existe otra forma de aprender lo que no queremos entender… Las propias leyes de las ciencias: física, termodinámica, quántica, se mueven en la misma dirección. Y lo que es más sorprendente, parecen obedecer a la voluntad (incluídas las motivadas por las falsas creencias) del hombre.

Pero ese hombre lo tiene muy claro (esto es: muy turbio y oscuro), y es echar la culpa a Dios… Luego, los directores de las religiones y las corporaciones, las desviarán directamente a la acción del Diablo. ¿Cómo Dios permite esto?.. NO ES JUSTO… Pues, precisamente, SÍ ES JUSTO porque lo permite, ¡vaya una leche!.. Porque Dios, el Cosmos, o como quiera llamarlo cada cual, ha determinado, para que el factor humano evolucione mediante el fruto de sus propias experiencias, que seamos nosotros los que recojamos aquello que sembramos. Así de simple y de sencillo.

Tan sencillo y simple es, que nos deslumbra, y cerramos los ojos para no tener que verlo… Y es justo lo que está pasando, porque, precisamente, es tremendamente justo… Un niño que muera de hambre, de enfermedad o abandono, o tiroteado, o destrozado por una bomba, es un niño al que matamos todos, y eso tiene unas consecuencias terribles. Toda la humanidad lo mata y toda la humanidad lo paga. Yo también, por supuesto… ¿Qué eso no es justo, dice?.. Por favor, defíname usted “JUSTICIA”, y luego seguimos hablando, si quiere.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

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