LAS COSAS DEL CASO
En un par de semanas escasos se me han ido dos buenos amigos y una prima-hermana. No mucho tiempo antes, otra querida amiga y otro familiar habían cogido la puerta de salida. Dios sabe dónde. Eso me deja un tanto tocado, quieras que no… Y da cierto margen a la introspección. Al fin y al cabo, la etiqueta de barras de lote de mi bote no debe tener su fecha de caducidad muy lejos en el almanaque del tiempo. Y, aunque uno se lo tenga muy meditado, y crea saberlo todo, puede que esté equivocado, y que las cosas funcionen de otro modo al pensado. Resulta inevitable… o casi inevitable.
Lo apunto así, porque una cosa es creer, y otra querer creer, y eso funciona con todos y con todos… Aún creyendo estar convencido, nunca se está del todo. Por pequeño que sea el margen de duda, éste se intensifica en la misma proporción en que se reduce. Lo que pasa es que estas cosas todos tenemos tendencia a callárnoslas; a guardarlas en el rincón más íntimo del desván mental; a ser prudentes con ellas, aunque nunca – por lo menos en mi caso – sepamos muy bien dónde se encuentra el nivel de esa prudencia. A mí me han dicho más de una vez que suelo saltarme lo que entra en el campo de estar calladito, y que cada cual se arregle según sus entendederas. Es posible que lleven razón los que así me aconsejan; pero también cabe la posibilidad de que compartir las creencias sirva de terapia, como una especie de catarsis… Al fin y al cabo, a estas alturas ya se habrán dado cuenta que yo respiro a través de la escritura.
Y si me tienen leído, entonces también me tienen sabido… Y saben cuál es mi opinión al respecto: dentro de lo que entendemos por Creación (y aquí cada cual tiene su propio punto de querencia por creencia), el ser humano es la criatura donde conecta la materia con el espíritu, dándose un ser pensante que es consciente de sí mismo y de su propia identidad y limitación. Esto es: no solo sabe LO que es, si no también QUIÉN es… En esto coinciden religión y ciencia, si bien que con distintos lenguajes. Yo entiendo por espíritu la energía inteligente, independiente del grado de evolución de cada ser como individuo de la especie humana; como también está la colectiva, cada cual asumiendo la responsabilidad que le toque asumir, y si es que no opta por rechazarla, puesto que nos asiste el libre albedrío.
Y esto, de principio… Dentro de eso, el arco de debate es inmenso. De hecho, va desde el “ahí se acaba todo” hasta el “aquí no cambia nada”; desde asumir la muerte como un final, a tomarla como un nuevo comienzo; desde el conocido “nadie ha venido del otro lado a decirnos nada”, al consuelo que repartimos entre los deudos de “allí nos encontraremos con ellos”… y todo lo decimos desde una mente humana más bien limitada que desarrollada. Y, por supuesto, con nuestras mejores intenciones y deseos. Pero lo cierto y verdad es que todo se basa en un sistema de creencias que arranca desde las más antiguas filosofías hasta la más moderna y actual Física Quántica, pasando por las religiones, desde sus fundadores a sus iglesias, que en modo alguno suelen ser lo mismo. Se trata de valorarlo todo, no una sola y exclusiva posibilidad. Sin exclusiones.
Y la cosa del caso es que todo, absolutamente todo, lo ya conocido y lo aún por conocer, emana de una infinita fuente de energía universal, y que esa energía va desde la forma de la materia (masa) más grosera, con un casi nulo atisbo de conciencia de Ser, hasta la propia fuente original, pasando por un infinito número de niveles; y donde nosotros, como humanos, estamos en un determinado punto del arco, con una función muy concreta… Yo entiendo, o quiero entender, que estamos en el axial de los dos extremos, y que nos valemos de nosotros mismos, y por nosotros mismos, en el manejo de nuestro propio grado evolutivo.
Nuestros nexos de unión y/o de amor-odio (aversión/atracción) que nos tenemos entre nosotros, no me cabe la menor duda que generan canales de energía que superan la distancia y el tiempo. De ahí la creencia de que, de alguna forma y manera, esa relación habrá de continuar en algún punto y nivel de la existencia (no confundir con vida). No tendría sentido lo contrario, en un sistema donde todo obedece a un propósito… De lo que ya no estoy tan seguro es que esté limitado a un, llamémoslo “reconocimiento mutuo” al mismo nivel que lo experimentado aquí. Nosotros somos mucho más que nuestras propias personalidades, no sé si sabré transmitirles la idea…
Piensen que nosotros nacemos a una realidad concreta que habremos de abandonar; nos fabricamos nuestra propia personalidad consciente para desarrollar un determinado propósito en un cuerpo material, al que dejaremos en ese camino, en un determinado momento… Hasta ahí lo tenemos claro. Pero lo que yo me pregunto, es si esa personalidad se desvanecerá con su soporte material y solo servirá para traspasar el fruto de la experiencia adquirida a nuestra entidad superior (mente, consciencia…), y si se conservará todo, o parte, o nada de esa conciencia (no consciencia) meramente terrenal. Es aquí, en este preciso punto, donde tengo mis dudas, si he de serles sincero… Pero, sea de una u otra forma, no resta un ápice de transcendencia a la cosa.
En psicología, los profesionales e investigadores, han dejado claro que, en los seres humanos, no es lo mismo el Ego que el Yo, por ejemplo. Dice que el Ego es un constructo de la persona para consigo misma; y que el Yo es un ente superior que lo transciende. Y aseguran que el primero intenta someter al segundo, y que obedece a principios primarios del ser humano que atañen al propio cuerpo y sus necesidades. Llamémosle instinto, o supervivencia… Si así fuera y llevasen razón, está claro cual de los dos sería innecesario para la otra realidad, y de ahí, en consecuencia, hasta qué punto nos reconoceríamos tal y como somos en este aquí y ahora.
Los antiguos filósofos griegos lo etiquetaban de otra manera. Hablaban del Pneuma y la Psiquis; introdujeron el conocimiento del alma, ánima, para todo ser en vida; y el espíritu, como una entidad eterna exenta de la muerte… Naturalmente, son conocimientos que cada uno, o una, puede tener en cuenta, o no, adaptándolo en y a su propia evolución. Lo único que yo hago – intento hacer – y así quiero que lo entiendan, es compartir lo poco que sé, y algo de lo que aún no sé… Estoy en ello.
Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com
Comentarios
Publicar un comentario