ICONOCLASTAS

 

Me ofrece un amigo una camiseta grabada con “La Vírgen de…”, una de los cientos de opciones que se disponen en veneración. Se lo agradezco muy sinceramente, pero, con el mayor de los respetos de que soy capaz, la rehúso alegando que yo soy iconoclasta. Vamos, que no necesito ponerle cara ni forma a la Virgen para venerarla y respetarla como madre de Jesús, que, en definitiva, es de lo que se trata… Me resulta violento, porque, en estos casos, suele acompañarse un fuerte sentido de pertenencia, y, por lo tanto, y en consecuencia, cierta fragilidad de sentirse ofendidos. Y de ningún modo es ese mi deseo; pero también quisiera intentar ser consecuente conmigo mismo, dentro de lo posible. Espero no haberlo molestado.

Le hubiera querido explicar que la iconoclastia, precisamente, viene de las primeras comunidades cristianas, porque consideraban que, con el tiempo, se podría llegar a adorar a la imagen por encima de lo que representa… Y, la verdad, es que no iban muy descaminados, dado lo que hoy hay. En la actualidad, la imaginería sagrada es un negocio mundial de enormes dimensiones, y un fenómeno social, cuyos intereses sobrepasan muchos límites, aparte los éticos y morales. Hoy, el ser devoto de la Macarena, por ejemplo, supone convertirse en un “fan” en dura competencia con otras vírgenes distintas de diferentes cofradías; esto es: se ha sacado de su correcta dimensión, o sea, adoramos el santo por su peana, o mejor, por la majestuosidad de su imagen que nos representa, más que lo que representa la misma por sí misma. A ver cuál más rica, más guapa, o con mayor colgaduras, en competencia con sus homónimas.

En resumen, acabamos por identificarnos con ellas a través del mutuo lucimiento; las exteriorizamos, en vez  de interiorizarlas… Y no es que nos entreguemos a lo que representan, no, eso es falso, la verdad es que las poseemos, las hacemos nuestras… Se repite lo de hacer a Dios a nuestra imagen y semejanza, y no lo contrario, que es lo que es. No es que seamos de “la Virgen de…”, es que esa tal “Virgen de…” es nuestra, muy nuestra. Y eso va con todos los Cristos totemizados por adorados. Pero adoramos lo externo: la talla, la cara, la vestidura, la disposición, el anecdotario, la “parroquianidad” y el patronismo, como toda buena tribu, pero no asumimos el auténtico y genuíno significado, el conocimiento oculto, el “buscad dentro de vosotros mismos, y no en lo externo”, como el tal Jesucristo mismo dejó dicho…La sacralidad se manifiesta dentro, no fuera; en nuestro interior íntimo, no en el fasto y la fiesta, en el lujo y el boato con que convertimos a nuestro dios en ídolo.

Y todo esto se dá en un país que se las tiene de cristiano a la vez que contradictoriamente católico… Por ejemplo, en un partido internacional, España-Egipto, la grada, igual de “fans” q       ue de procesional (son los mismos), explotó en un brote racista – “musulmán el que no vote” – y por lo que se apresura a proclamar la indignación general causada, y a lamentar, con espesas lágrimas de cocodrilo, el espectáculo vergonzoso del más puro racismo… “España no es así”, se decía en los medios. Mentira, sí es así. La xenofobia cotiza al alza en nuestro país, y votamos cada vez más pro ella en urna, mal que nos pese. Y el fútbol, como espectáculo de expresión de masas, no se iba a quedar atrás… La mejor prueba de ello es que la intención de voto crece hacia aquellas siglas que fomentan el odio de manera exponencial. Resulta de una hipocresía farisaica el negar la realidad ante unos hechos que la ponen en evidencia.

¿Y qué tiene que ver esto con el iconoclastismo del que hablabas antes?.. se me dirá. Pues da la puñetera casualidad de que todos esos partidos y partidarios extremos y ultras, son de una acendrada y encendida latría religiosa. Se consideran defensores acérrimos de toda la tradición de raíz católica, apostólica y romana, y baluarte de sus ritos y sus mitos. Y eso, aparentemente al menos, es un sangriento contrasentido (a Cristo lo mataron por eso mismo, precisamente)… El odio al inmigrante es netamente anticristiano, aunque no anticatólico, claro. Y, en puridad, la iconoclastia puramente dicha, se dio al principio de todo, en la Iglesia de Jerusalén, encabezada por Santiago, hermano y heredero de Cristo; y lo contrario, la adoración de las imágenes, se dió a partir del primer Concilio de Nicea (325 d.C.) en la pujanza explosiva del catolicismo… Así que cada cual saque sus cuentas y conclusiones ante sus propias preguntas.

Pero miren también que esa xenofobia y esa iconolatría van indeleblemente unidas a la más cerril misoginia. Además… Ese partido en creciente y los fundamentos de la católica son confesamente misóginos. Fíjense, por ejemplo, la cantidad de cofradías y hermandades que aún cierran el Paso, y nunca mejor dicho, a la participación de la mujer, por muchas vírgenes que encaramen a sus pasos… La trinidad iconolatría-xenofobia-misoginia va como un sello identificativo en el extremismo religioso y político. Son compañeros de viaje en determinadas y concretas ultramovidas; sean éstas sociales o culturales.

El análisis final de todo esto, no es dónde estamos, sino a dónde vamos. No se trata del presente; se trata de a qué futuro caminamos; de hacia qué nos enfocamos… Qué tipo de sociedad estamos construyendo entre todos. No se trata de minimizar lo ocurrido aquí y allá, y las palabras claudicantes de los grandes directivos de intereses económico-deportivos (que son los mismos, en el fondo, que los procesionarios), y de que todo va bien mientras se llene la caja; o de que esos que perturban la paz daqueste convento son minorías… Se trata de que todo eso son la punta del iceberg de la tercera fuerza más votada del país, y que va camino de ser la segunda en tendencia de voto. Se trata de que la realidad supera nuestra ficción, y que cada vez demostramos más aquello en lo que nos estamos convirtiendo.

Por eso que deberíamos de abrazar el iconoclastismo como principio. No hacernos una imagen de los demás, a nuestro gusto, con el fin de adorarlos o esculpirles en la cara aquello que queremos, que, en definitiva, es lo que hacemos… Somos muy de hacer ídolos o hacernos víctimas; o alabamos o vituperamos; tenemos sentimientos opuestos y destructivos, y no somos capaces de dominar nuestras propias emociones gregarias. Amamos y odiamos con la misma sinrazón… Igual en el paso del santo, que en el campo de fútbol, que en el Congreso de los Diputados.

En el fondo somos gente vencida a la catarsis, aunque no sepamos lo que esa palabra significa… Y vendida al gregarismo, aunque tampoco sabemos lo que eso quiere decir. Pero explica perfectamente por qué nos echamos en brazos de un Fernando VII en su día, y que ésta es la bendita hora en que aún no sabemos distinguir a un cura de un torero, como decía de nosotros ese mismo rey… ¡Acabáramos!.. Entonces eso quiere decir que también confundimos la camiseta del Barça con la de la Virgen de la Paloma, que igual las da que lo mismo las toma. Puede ser. Quizá eso explique todo.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

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