LECTURAS

 

Me asombra la capacidad narrativa que tiene Ken Follet para levantar sus obras de literatura sobre las primeras sociedades de nuestro planeta… Y me da sana envidia su facilidad de inventarse historias a la hora de contar la Historia de la prehistoria. Su facilidad de fabulación es majestuosa, y sorprende que, con su sola inventiva, pueda levantar obras megalíticas de 800 páginas, como, por ejemplo, su última de “ El Círculo de los Días”… No es un historiador de facto, si no un excelente narrador de cuentos que bien no pudieron ser cuentos, o sí, que todo cabe en sus enormes depósitos de recursos y posibilidades. Sea como fuera, se ha convertido en uno de los escritores de mayor éxito del mundo editorial.

Esta última “gran novela”, pues es lo que es, como todas sus obras, está basada, situada y ambientada en los primitivos principios del hombre en el planeta; en cómo se supone que armaron sus primeras sociedades; en cómo supone que se relacionaban entre distintas tribus y clanes; en cómo supone que establecieron sus asentamientos; sobre qué bases basaron su religión natural; y en qué forma pudieron desarrollarse sus emociones, luego llevadas a sentimientos, después a ritualismos y tradiciones… en un suma y sigue de descripciones posibles dentro de los indescriptible.

Porque, en definitiva, todo está basado, no en lo de cómo fue, sino en el cómo pudo ser, que no es igual lo uno que lo otro en modo alguno. Nada fijo ni demostrado, pues no hay anales que quedaran de ellos mas que circunstanciales… Esto es: el autor se basa en una antigüedad, que ya conoce bien por lo mucho andado y novelado sobre sociedades primarias y primitivas, imaginando a un buen número de personajes sin más morales construídas como no fueran las eminentemente naturales y primigenias; y, a modo de saga, desarrolla una serie de posibles circunstancias, imaginadas e imaginables, como aventuras, dramas y odiseas, que tienen principio pero no parecen tener fin, puesto que su fín es el no acabar jamás.

Y ese es todo el secreto de tan conocido como famoso autor. No se le puede llamar novela histórica, porque no están relacionada con hechos ni personajes reales históricos en concreto… Además, que yo sepa, las novelas, cualquier novela, todas las novelas, se desarrollan en una época determinada, en un contexto de la historia, pero eso no las convierte en históricas. Ken Follet hace lo mismo, solo que sus novelas transcurren en plena prehistoria. Esa es la clave de su éxito. El conocimiento que aporta es meramente ambientativo, no histórico… Es un entretenimiento educativo, pero no supone una formación fidedigna de la Historia, pues hasta su narración “in situ” tiene sus buenos lapsus de lenguaje y costumbres que, en modo alguno, pudieron ser. Pero eso no le resta mérito alguno, en absoluto, para reconocerle su contribución y acercarnos a una época tan poco conocida, y aún menos reconocida.

Y si hoy me meto en estos andurriales, es porque son varios los que me dicen que mis libros pecan de todo lo contrario, “tanto – así mismo me lo afirman – que no parecen ser libros”… Bueno, que Dios los perdone, y me perdone a mí mismo, por tan sacrílega comparación. Veamos qué puedo contestar sin verme, ni removerme, ni reconocerme, ni conmoverme, pues cualquier emoción variaría la respuesta correcta. Lo primero, es que el “Libro” es el formato físico en el que se expone un contenido indeterminado, y lo segundo, es que lo segundo no influye en lo primero… Y luego, es que lo mío está catalogado como ensayo, y no como novela (que más quisiera yo).

El ensayo pretende concentrar en un espacio mínimo y concreto, y asequible, cualquier conocimiento o enseñanza, idea o pensamiento, más o menos desarrollado… Es lo que, con menos o mayor fortuna, intenta hacer este servidor de los frailes. Y la novela es el arte de entretener contado historias imaginadas. Cosa para la que no estoy dotado, creo yo. Puedo llegar a ser un buen, o mal, o regular, narrador, cual es el caso de mi libro compartido “El Teniente Galindo”, cuando la trama es real y bien documentada, por mi hermano en este caso, pero, sin embargo, soy un mal imaginador. Se ve que mi nieto mayor me agotó la veta en mis tiempos de cuentacuentos.

Y esa es toda la cuestión. Me gustaría, por ejemplo, hacer “Novelaensayo”, pero me temo que no tengo la capacidad requerida para lograr tamaña hazaña… Soy un vulgar recopilador de datos e impresiones, un humilde olfateador de temas y conexiones, que merezcan importancia, o que yo creo que la tienen, que esa es otra… Me dice un amigo catalán que con la riqueza temática de mi último “La Brújula de los Días” podría haber creado una saga de libros alrededor de media docena de personajes, de padre y muy señor mío… Le doy desde aquí mis más efusivas y reconocidas gracias.

Pero una cosa es ser ingenioso, y otra ser imaginativo. No es lo mismo… Admitimos igual las ideas que lo ideal, pero son cosas no muy distantes pero sí bien distintas, y el personal suele confundir los conceptos. Como me decía mi querido Curantonio: “tú enganchas en lo corto y te pierdes en lo largo”, y me decía que siempre me adelantaba a mi tiempo, y debe ser verdad. Por eso mismo, a lo mejor, o a lo peor, meto muchos cortos en uno largo… Tengo alguna seguidora que otra que me dice que le encanta leerme “asaltomata”, y creo entenderles que lo toma como un libro de consulta, de los”parapensar”, como dice otra, de los para abrir al azar en ratos perdidos y tranquilos; para mejor poder encontrarse a uno mismo. Pues cojonudo, ya es bastante…

La cuestión es que a la narrativa hay que pillarle la perspectiva (esto es cosa mía). Y el amigo Ken Follet, como otros tantos, se la ha cogido de maravilla, y hace virguerías con historias inventadas de la verdadera Historia, que no por falsas dejan de ser ver posiblemente verdaderas… Algún día, a lo mejor, a mí me sale, sin querer, desde luego, la obra de mi p… vida.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.comwww.escriburgo.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

ASÍ LO CREO YO...

ANTONIO, EL CURA.

RESPONSABILIDADES

PATRIAS

VOTEMOS DEMOCRACIA

HAZ LO QUE DEBAS

¿CON QUÉ DERECHO..?