EL PERDÓN DE LOS PECADOS

 

Una seguidora de mis programas radiofónicos me mete en una especie de compromiso, aunque, me dice, “te doy tiempo para pensártelo”… La cosa tiene tela (y es que quiere que me coma el tigre, como cantaba Lola Flores): me pide que escriba sobre el Pecado y el Perdón de Dios. Así, como si nada, como una bagatela sin importancia – aunque bien sé que para muchos así será – pero bueno, vale, intento contestar al tema escribiendo el presente artículo, por el jodido prurito personal de corresponder a los que se toman la molestia de escribirme, tal que aquellas antiguas cartas de aquel antiguo correo, en que contestar era obligado por la buena educación, ya saben: “respondo a su atenta de fecha tal y cual”, etc., etc…

Sin embargo, quede constancia que no deja de ser una elaborada opinión personal sobre mi particular creencia a tal respecto. Lo digo antes de exponer lo que pienso, porque me temo que a más de muchos/as puede resultarle piedra de escándalo, y en modo alguno está en mi ánimo que así sea— Todo escándalo – lo he dicho muchas veces – anida en las propias creencias, pero nunca, jamás, en las creencias ajenas… Dicho lo cual, queda advertido cada quisque, o quisca, antes de seguir leyendo, si es que es propenso(a) a tal escándalo.

Mira… yo creo que Dios no perdona nada. Y no, no es una blasfemia en modo alguno, es tan solo que Dios no juzga; y como no juzga, no condena, y como no condena, nada tiene que perdonar. Nos culpamos nosotros a nosotros mismos; somos autores de la causa y reos del efecto, y víctimas de nuestras propias consecuencias. Y metemos a Dios por medio para justificar el castigo a través de un perdón comprado, y condicionado. Eso es todo… El Dios de Jesucristo no es el Yahvé que dicta lo que es o no pecado; que juzga, condena y castiga. Ese dios, judío y neotestamentario, es el que adoptó la Iglesia en Nicea, hace 1.700 años, para hacerse ella la delegada de Dios en la Tierra, con el fin de eso mismo: juzgar, condenar, castigar y vender el perdón de tales pecados. Como en Ventanilla Única.

Dios está, es, existe, en un tiempo sin tiempo; en un eterno presente sin pasado ni futuro. Para Él no existe la probabilidad de lo posible, sino la certeza de lo real, de lo que ES… Y ahí va incluido lo que para nosotros fue ayer y será mañana, por lo que resulta absurdo un ser juzgador de lo que ya sabe, y que, para nosotros, está por suceder; que, al no ser acusados de nada, tampoco somos perdonados de nada… La gran diferencia es que Dios ES, y nosotros ESTAMOS… Él es el todo, y nosotros estamos en ese mismo todo; y resulta una paradoja pueril que Él se juzgue a sí mismo a través de nuestros actos. Al perdonarnos, se estaría perdonando a Sí mismo, lo cual no encaja en ninguna lógica. Lo que pasa es que, cuando el ser humano admita esta realidad de forma y manera natural, las Iglesias perderán su sentido de ser, una vez desaparecido su rol de representantes exclusivas… Y esto es lo que hay.

Abundando en el ejemplo anterior: la religión islámica es hermana de la judáica, desde sus raíces abarhamánicas, y su dios, Alá, es el mismo combativo y vengativo que Jehová, orígenes ambos de las guerras santas, sharías y cruzadas contra mutuos infieles, que son los mismos fieles con distintos capirotes… La cristiana (más católica que cristiana) es hija del judaísmo, más moderada hoy y evolucionada, pero con esa reserva activa de pecado a través, y por el cual, otorgarse a sí misma el poder de perdonar… Y ninguna religión, ninguna, está dispuesta a renunciar a ese espacio de control sobre la parte de humanidad que a cada cual de ellas toca.

Yo me considero pecador, aún sabiendo que ningún Diós me juzga, ni me condena, porque no soy un ser perfecto. Todo lo contrario. Pero ese reconocimiento me conduce, no a ser perdonado por un Dios que no tiene nada que perdonarme, sino a perdonarme yo a mí mismo, que sí que tengo mucho que perdonarme. Y he de hacerlo a través de los demás, a los que sí que puedo hacer daño… Esa es la gran verdad y el gran misterio: lo individual en lo colectivo y Dios en todo. El hombre ha de ser perdonado por el hombre, y luego perdonarse a sí mismo. Es el único requisito… Lean bien el Génesis: Dios no castigó a Caín, fue Caín el que se castigó a sí mismo en el momento de reconocer su crimen. Era Caín quién hablaba con Caín poniéndole voz a Dios… Muy al contrario, Dios dijo que no se tocara a Caín ni un pelo, que bastante llevaba con lo suyo…

La aparente impasibilidad de Dios ante nuestros fratricidios y genocidios – es lo mismo – viene por la misma razón: porque para Él (y también debería ser para nosotros) la muerte no existe, y ni la víctima ni el verdugo mueren realmente; solo lo sufren, sufrimos, y no poco… y con ello aprendemos, o debemos aprender, que esa es otra… Las vidas y las existencias están relacionadas, claro, pero están en dimensiones diferentes. Las primeras empiezan y acaban, pero las segundas son eternas, como lo es el propio Dios, que no puede haberse creado a Sí mismo. Y es en esa infinitud donde cada cual desarrolla su propia experiencia de su personal existencia. Aquí solo andamos de paso.

Esto lo explica mejor la física quántica que el Catecismo, lo que pasa es que no terminamos de creérnoslo. Y no nos lo creemos porque las religiones han enfocado la fe (mejor, las fes, cada cual la suya) natural del ser humano, hacia dianas erróneas y erradas, desvirtuando, para su conveniencia, la auténtica y genuina naturaleza de lo que malentendemos por FE… It ist the questión, como diría el de Elsinor si alguien le preguntara…

Con todo lo expuesto, confío haber dado respuesta a la dama que me preguntaba… Sentiré mucho si no he sabido explicarme, y me alegraré otro tanto si he podido hacerlo a satisfacción de los que puedan leerme. Me queda meridianamente claro que pueden tomarse como meras especulaciones, pero eso no quita para que les den la oportunidad de tenerlas en cuenta y echarles una pensadica… Un gran cura y un gran amigo me dijo en una ocasión: “si la misión de Dios es perdonar los pecados de todos y cada uno de nosotros, no le va a quedar tiempo para realizar su obra”… Muy cierto. Dios no está para tonterías. Somos nosotros los que hemos de realizar nuestro propio trabajo. Y así mismo lo creo yo, vamos…

  MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

Comentarios

Entradas populares de este blog

ASÍ LO CREO YO...

ANTONIO, EL CURA.

RESPONSABILIDADES

PATRIAS

VOTEMOS DEMOCRACIA

HAZ LO QUE DEBAS

¿CON QUÉ DERECHO..?