QUERER ES CARECER

 


Querer es un vocablo muy curioso. Querer implica carencia”. Es lo que leo en la trama de una elaborada historia. Y lo cierto es que esas pocas palabras dan en la diana, y tienen su miga… Y son tan ciertas que funcionan en automático sin apenas pensarlas. Pero están tremendamente condicionadas la una a la otra. Ambas tienen una mutua dependencia, que, normalmente, no sabemos percibir… Pues lo lógico es que se “quiera” aquello de lo que se carece, y que no se quiera lo que ya se tiene. Es lo normal.

Y es lo natural, porque, en el fondo, querer es desear, no es amar, aunque, por alguna razón, queramos creerlo, o creamos quererlo, que, en definitiva, también es querer, desear… Algunas veces el amor implica renuncia, a pesar de la carencia. Pero queremos lo que nos falta, o lo que pensamos que nos falta; y hablo tanto de cosas, como de sensaciones, como de personas. A veces deseamos lo que ya tenemos pero no valoramos, y a veces valoramos lo que, en realidad, no necesitamos. Sin embargo, el sentimiento de querer (no hablo  de apego), no nos lo despegamos de encima en toda nuestra vida.

A veces también confundimos a personas con juguetes, y lo que queremos es la novedad de poseerlos, no el hecho de tenerlos…. O no valoramos la tenencia por la carencia; desperdiciamos el dIsfrutar de lo que se tiene por el desear lo que se carece, o creemos no tener… O quizá sea todo mucho más simple, y es que el querer y el carecer sean como la caña y la zanahoria, para que el jumento tire del carro de su vida. Pudiera ser eso, ¿no?.. un estímulo (fíjense que el “mulo” va detrás de la “estimación”) con el que andar cada cual su propio camino, aunque al resto de los demás nos importe un comino.

De hecho, existe una teoría – no sé si pertenece a la filosofía o a la ciencia, aunque quizá tenga parte de las dos – que se le conoce por la “Teoría de Cuerdas”, la cual propugna que la existencia es un campo infinito vibracional en que cada tono, grado o nivel, es una posibilidad distinta, por lo que existen tantas vidas probables de uno mismo como las diferentes graduaciones en que vibra esa cuerda… Se basa en la hipótesis de que nada hay ocioso en el Universo, y que todo, absolutamente todo lo que podamos pensar, imaginar o desear, está incluido en él. Lo cual da cabida a que cada carencia que desemboque en una querencia, se desarrolla en uno de nuestros infinitos “universos paralelos” personales, por llamarlos de alguna forma y manera que lo entendamos.

Naturalmente, el primer pero que se cae de este peral, es que nosotros (por cada cual) no tenemos conciencia de ello, y, entonces, ¿de qué sirve si no podemos aplicarle su propósito?.. Cierto. Lo que pasa, o puede pasar, es que tenemos “conciencia” de nuestra vida, pero no tenemos “consciencia” de nuestra existencia. Esa “s” que se le añade al “con” antes de la “ciencia”, es, precisamente, lo que lo indica: la pluralidad; esto es, una “conciencia” tan vasta que desborda todo sentido de unidad individual… y que entonces es posible, puede ser, que cada “personalidad personal” viva en distintas y múltiples conciencias en un tiempo sin tiempo.

Por supuesto, mejor me apeo aquí y ato el burro a la estaca. Podría ir un palmo más allá, pero, a lo mejor, o a lo peor, no sería prudente ni aconsejabe hacerlo… Al fin y al cabo, lo único que persigo con estos artículos, que algunos llaman elucubraciones, es intentar un ejercicio de apertura mental, nada más… y también nada menos. Lo conocido por Librepensamiento, no es otra cosa que una especie de gimnasia mental cojonuda para la salud neuronal del coco. No es bueno que el músculo del razonamiento se atrofie con la bazofia con que solemos alimentar nuestros cerebros.

Los demás supuestos es mejor que cada uno ande los suyos propios, si quiere, claro, y si no, que no arriesgue a provocarse una hernia mental… Mi objetivo tan solo es hacerles pensar más allá de esas “de pascuas a ramos” del almanaque, y de la rutina de baja estofa del día a día… Acabo de leer uno de los e.mails que tienen a bien dedicarme, en el que dice que “¿por qué no dejas de dar la tabarra con estos engorros?”, y mi respuesta solo puede ser una: que yo no obligo a nadie a que me lea. Es fácil. Tan solo hay que desconectar de mí, borrándome de sus listas. Nada más que eso… Sin embargo, hay un atisbo para la esperanza: si se quejan es que me han leído, y si me leen, aún muy de vez en cuando, es porque algún mínimo interés les produce, aunque solo sea por mera curiosidad.

Además, y porque viene a cuento, existe una fórmula de analizar y analizarse, y enlaza con lo que empezamos esta tabarra, precisamente… Decíamos que “querer implica carencia”, ¿no?.. Pues entonces es fácil: pregúntense qué es lo que quieren y sabrán de lo que carecen; o dicho de otra manera: según la calidad de lo que busquen es la naturaleza de sus carencias. Y es una ley universal que cada cual se provee del alimento que uno puede digerir cuando lo necesita… O como decía mi buen CurAntonio: “no echéis perlas al marrano, pero que las hociquee de vez en cuando”.

Por otro lado, yo no tengo respuestas para repartir al gusto de cada cual. Que nadie las busque donde no se pueden encontrar. No soy un sabio, ni un maestro, ni un gurú, ni un nada… Si acaso, una especie de Guía Michelín, que les sopla por dónde sudar el camino, y en dónde encontrar un menú decente. Con eso basta, y me basta. Así que ustedes disimulen y sepan disculpar mis limitaciones… El ir por libre tiene eso, ya saben, que el asno anda sin ramaleras, y, como ciego sin lazarillo, a veces tropiezo con los ladrillos; que ni Sancho Panza tengo que me avise de tal lanza.

Nunca podré ser todas las personas que quise ser, ni vivir todas las vidas que quise vivir” (Sylvia Plath).

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

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