TEOFAGIA

Los antiguos dioses devoraban a sus fieles, se alimentaban de ellos. Echen un vistazo a las más viejas culturas… Pero, por no perder el hilo conductor de la nuestra, que vieje del judaísmo, era el iracundo Jehová el que nos hacía pasto de su infinita insaciabilidad. De hecho, y por lo derecho, se alimentaba de su ganado humano, al que diezmaba por cualquier cosa. Casi todas las civilizaciones los han tenido, y/o aún los tienen.
Sin embargo, el cristianismo (versus catolicismo), justo es reconocerlo, le dio la vuelta a la tortilla, y de ser comidos por nuestro dios, pasamos a comernos a nuestro dios…Nuestra religión nos convirtió en teófagos. Las metáforas son instrumentos intelectuales poderosísimos, pues interpretan cualquier hecho según qué intereses. Y la carne y la sangre de Cristo es, posiblemente, la imagen más metaforizada del mundo. Un ejército de exégetas y teólogos, armados de contundentes dogmas, y con la imponente noción de la transubstanciación – ahí es nada el cacho palabro – explican lo inexplicable a un fielato bien dispuesto y abastecido de paté de pato.
Si Jesucristo, en el conocido pasaje de la última Cena, hubiera dicho (y a lo mejor lo dijo, pero fue cambiado) “tomad y VED, ésta es mi carne. Tomad y VED, esta es mi sangre”, a lo mejor, es posible, puede, que se hubiera entendido en un principio holístico, como un mensaje de economía – o ecología – universal; como el movimiento entrópico que rige todo el universo, o como la teoría del Todo en el Uno y el Uno en el todo, hubiera hecho las delicias de la física quántica o del eco-holisticismo universal, quién sabe… Pero es el caso que los poderes eclesiales prefirieron los derroteros del antiguo sacro canibalismo entendido al revés: Quién es comido por un Dios forma parte de él; pero quién se zampa a su Dios, por el contrario, lo hace suyo.
Desde luego, no es la misma digestión, pero la teosofía basada en comerse a un Dios, no solo repugna a nivel comprensivo, sino que ya no hay metáfora que llegue a explicarla de manera convincente. El mismo Jesús se hartó de decir que la materia de la que estamos hechos (carne y sangre incluidas) es comida de gusanos; que el Padre ES con nosotros EN nuestro interior – no en nuestro estómago – y que hay que dejar que los muertos entierren a sus muertes, porque polvo somos y en polvo nos convertiremos, y que aquí no hay pelleja que aguante… Así que habría que buscar en la totalidad del Mensaje, y no en su parcialidad, en un recorte del tal mensaje, donde se lleva el agua al huerto que más interesa, como es natural en estos casos. Ardua labor esa, cuando están cegados todos los pozos de donde mana el agua, y el dogma dicta del que solo está permitido beber.
En el Evangelio Apócrifo de Sto. Tomás (y también en los Gnósticos), le dice Jesús a éste: “El Reino de Dios está dentro de ti y a tu alrededor, no en los edificios de madera y piedra; pero corta un trozo de matera, y ahí estaré Yo; levanta esa piedra, y ahí Me encontrarás. Quién descubra el significado de estas palabras no experimentará la muerte”…(Evangelio de Tomás.- Manuscritos de Nagg Hammadí).
La clave reside en ese “ahí Me encontrarás”, en ese “ahí estaré Yo”. Ese es el certero y verdadero significado de en esta carne me encontrarás, en esta sangre estoy yo… Lo del comed y bebed es una impostura añadida, o mejor, modificada, para que se acomodara mejor a una Eucaristía que luego pudiera utilizarse para otros menesteres y manejos (fíjense lo que ha dado de sí la Comunión, y lo que sigue estirando)… Pero no quisiera desviarme del eje principal de la idea: Jesús, el Cristo, en ese ágape de despedida, quiso transmitir a sus discípulos otra enseñanza más: la del sentido holístico del mundo, de toda la creación, del universo, incluidos nosotros mismos.
Dicho esto, como el loco que lo suelta en el ágora del librepensamiento, que cada cual con el suyo saque sus propias conclusiones, sus lógicas y sus razones… Y no digo lo de sentido común, porque el personal no tiene en común ningún sentido verdaderamente trascendente. Más bien al contrario, lo más transcendente que conoce es el de Vicente, que es donde vá la gente…
Me ha dado por soltar esto hoy, porque, sorprendentemente, esa especie de teofagia, caduca y atrasada, la ha utilizado la Iglesia como una de las principales líneas argumentales de su doctrina sobre la Comunión, si bien que tergiversando el fondo de la cuestión; y alejando los ejes de la verdadera, auténtica y genuina Común-Unión que significa el sentido holístico de cuánto ha sido creado y/o está por crear… si es que aún le quedan ganas al Demiurgo por seguir con su invento.
Solo Él, Dios, el genuino y no inventado, sabe si merece la pena seguir dando cuerda al cacharro, o cerrar el quiosco… Mejor que no me pregunte a mí, por mucho que ya sepa mi opinión, y por la parte que me toca. Ni siquiera para mí mismo me considero buen consejero… Pero si, en un alarde, puedo llegar a imaginármelo, debe estar doblado de la risa: “me hacen a su imagen y semejanza, para luego, comiéndome a mí, comerse ellos mismos” (me supongo su monólogo).
Desde luego, si fuera Yahvé, ya nos hubiera borrado del mapa bajo una lluvia de fuego. Por gilipollas… Esperemos y confiemos que al del Nazareno, el Padre, no le abandone el amor y el humor. Le va a hacer falta…
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com
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