COSMOS

 

Se han descubierto y dadas a conocer “las imágenes más detalladas del Cosmos jamás grabadas” (EP-24/6). Se confirma como “el conjunto de imágenes en color con la cámara digital más grande del mundo”, y así subtitula a este evento científico… Las han llamado como las nebulosas Trífida y Laguna, y son un par de regiones de polvo y gas estelar que se localizan a unos 5.000 millones de años-luz desde nuestro planeta Tierra. Por supuesto, en general no se le ha hecho el más mínimo caso. Nosotros estamos en otras cosas: en nuestro veraneo, en las fiestas del nosecual, o en el festival de nosedónde, o el recital de nosequién; aparte de que no sabemos cuándo a Trump no se le ocurrirá pulsar el botón del castillo de fuegos artificiales general, con la gran puesta en escena de su “make América great again”., claro.

Bien pensado, para poder acercarme por allí, yo tendría que vivir cien vidas, y tampoco estoy por la labor de ponerme a contarlas, así que… Sin embargo, echándole una pensadica, esto puede deberse a un par de cosas, al menos: o porque, dado que el universo aún está en expansión, el espacio recién creado se presenta de tal guisa; o tales nebulosas que nos parecen nuevas, son viejas, y es que no las habíamos visto hasta ahora. Sea como fuere, es como el descubrimiento de un tesoro: una detallada película de creación de asteróides, cometas, estrellas pulsantes, explosiones de supernovas… y un etcétera cósmico que aún es desconocido para la humanidad, a pesar de que nosotros venimos, y aún vivimos, de una de esas poderosas y magníficas creaciones en cadena, pues no somos otra cosa que polvo de estrellas.

Eso sí, claro, por supuesto, naturalmente: si nos comparamos, apenas somos una multimillonésima parte de un punto infinitesimal de todo ese fantástico tinglado… Y aún así, todavía creo que he hecho un cálculo excesivamente optimista con respecto a lo que formamos parte. Tan es realmente así que, si hay un dios manufacturero tras esta gran grandiosidad, no sé por qué se va a preocupar del despreciable átomo de la más mindundi célula de sus más mínimos piojos, que venimos a habitar y formar parte de tan inabarcable maquinaria, que, además y encima, tan solo es una muy pequeña parte de una aún mayor superestructura. Piénsenlo, por favor, aparte la romería del fin de semana, o de la semana de la suelta, que vale, que sí, que bueno, que también…

La más desbordada imaginación se queda corta, e inerme, ante tan desproporcionadas matemáticas… ¿Qué “Dios mío y Señor mío” puede nacer de la más ínfima nadería de tan magno todo, que llegue a su destino?.. Si lo pensamos con la mente racional, nos habremos de reír de nosotros mismos, pues se queda escasa para tales “entendeduras”. Y de esta impotencia nace la excusa más socorrida y utilizada por nuestros cortos intelectos: el declararse insolvente, esto es: nada de esto existe, y cuando yo tampoco exista, volveré a esa nada… ¿existente, o inexistente?.. pues aquí nos viene una cósmica paradoja, pues lo uno invalida a lo otro. Es la teoría (imposible) de la disolución, que es la fuente de todos los ateísmos… Lo cierto es que nos vendría muy bien a todos y cada uno de nosotros si eso fuera verdad. Lo que pasa es que no lo va a ser. Y no lo es porque no puede serlo; porque contradeciría todo principio de la física, la termodinámica y la totalidad de la ciencia quántica. Solo por eso.

Y entonces, ¡joder!, hemos de enfrentarnos a la muy incómoda verdad de que, si bien “todo lo que tiene un principio debe tener un final”, que sí, claro, es una de nuestras leyes de la física, no es menos verdad que “de la nada no puede nacer nada”, por lo tanto… blanco y en botella, cofrades meus. Si usted que lee esto existe, y yo que lo escribo también, como igual que esas Laguna y Trífide que han salido no sé de dónde (bueno, la ciencia astronómica sí lo sabe), igual existen, entonces una de dos: o no somos nada, o somos algo. Y, desde luego, lo que no se puede negar, es que algo somos y de alguna parte o lugar se nos ha nacido aquí, tanto a Pepito Pérez como a la galaxia Andrómeda.

Y lo peor, o lo mejor (lo primero por responsabilidad, y lo segundo por conocimiento), es que se puede explicar, y que es compatible el primer principio con el segundo, uséase, que el principio y fin encaja perfectamente en que no finalizamos en la nada, dado que de esa nada, nada podría nacer… Puede parecer una solemne incongruencia, pero no lo es: pero sí que es una solemne consecuencia. En román paladino: nacemos porque morimos, y morimos porque nacemos; tanto nosotros como todo lo conocido y por conocer… Lo que pasa en esto es que nosotros tenemos conciencia de ello. Y no hay más tela que la que arde, colegas.

Todo está en la termodinámica, en la física, y en todas las ciencias; todo reside en el principio de la energía, en la masa, en la materia y en las formas, puesto que todo, absolutamente todo, como dijo Jesús en una ocasión, “está medido y pesado”… Lo que, reconozcámoslo, nos viene grande, muy grande, es tener que reconocer que está medido y pesado de antemano; que nos viene calibrado de antes del antes de lo que llamamos Tiempo (o sea, nosotros) anduviera por aquí; que lo que nosotros conocemos por NADA no existe porque su existencia es la absurdidez misma: la existencia de la inexistencia… Y todo eso nos desconcierta porque nos interpela, y eso no nos gusta, reconozcámoslo.

Y se nos interpela en nuestra responsabilidad… Me explico: si todo nos viene pre-establecido, o eso parece, es por alguna causa o motivo, ¿no?.. Con algún propósito que se nos escapa – o queremos que se nos escape – o que nos viene muy bien hacernos los tontos… “acaso soy responsable de…?”. Pues sí, lo soy, lo somos: ¿por qué, si no, hacernos conscientes activos de este conocimiento, y dejarnos manipularlo todo en nuestro libre albedrío?.. Pues por la parte que nos toca, claro… ¿Y por qué estoy yo contando toda esta castaña para que la manden a la papelera y a mí a tomar por saco?.. El hacernos sabedores, y, lo que es peor, o mejor, no lo sé, hacedores, o deshacedores de cuánto nos viene predispuesto, si no dispuesto, tiene que ser por alguna razón, motivo u objetivo, vamos, que digo yo…

Lo que me dice el catecismo me da la risa floja, y lo que me propone la ciencia es de toma pan y moja… Pero sí sé, por pura y dura lógica, claro, que no somos ajenos a todo este cotarro que Álguien ha sacado del tarro… Que, a pesar de ser la última escoria de su última cagarruta del último culo, se nos ha otorgado el inmerecido honor de pensar por nosotros mismos el Por Qué de todo esto, que nos engrandece y acojona a la vez, y de lo que no podemos escapar ni dando saltos. Eso es lo único que sé, aún sabiendo que no sé nada… Pero es que el hedonismo con que se toma esto la gente, me espanta aún más que mis ya graves limitaciones. Y esto asusta un poco, óigan…

        Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com

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