RECUERDOS

 

Aviso antes de que algún alguien me sorprenda en una posición, o actitud, comprometidas, como puede ser, por ejemplo, mirándole  los ojos a un pollo… Por eso que se lo voy a explicar ahora para que no me tome por loqueras. Ustedes saben mi prevención por la enfermedad del alzhéimer, a la que tengo cierta cosa; y de que me leo todo lo que se publica sobre ella. Pues bien, un artículo científico reciente (EP-25/6) dice en sus titulares que “la cura para el alhzéimer puede estar en el ojo de un pollo”…Un investigador del Csic desarrolla ahora mismo una terapia génica que se probará en humanos el próximo año. Se trata del Gen E2F4-DN, medicalizada en un producto al que ya se le llama Tetraneurón, y que parece que las pruebas realizadas en ratones están dando resultados positivos.

De ahí, repito, que nadie eche a correr si me paro en alguna granja o descampado a mirar a los pollos a los ojos… Otros hay que susurran a la oreja de los caballos, ¿no?.. pues, entonces de nada hay que extrañarse, dadas las circunstancias. No tengo la culpa de haber desarrollado esa especie de “tocamadera” por la enfermedad del olvido, que viví en mi padre y me dejó marcado “” los restos. Me gustaría dejar escritos mis más añejas vivencias antes de que pudieran borrarse conmigo para todos los siempres, sea lo que la eternidad fuere.

Aunque existen cercanías que me reconvienen que evoque pasajes de mi niñez y primera juventud, y no lo haga así con otros posteriores, en los que incluyen otras compañías, vivencias, connivencias y convivencias. Y se sienten disgustados e incómodos por ello, ignoro los motivos, ni saber los quiero; pero sí que me siento interpelado hasta el punto de no dejarlo de lado.

Así que un día, hablando con un amigo, médico especialista en estos bretes, me alecciona diciendo que todo eso es perfectamente normal y no hay de qué extrañarse… “Son ciclos – dice – en que el final conecta con el principio de lo vivido”, y prosigue su explicación como a un neófito tratado de tontuna: “suele abarcar un quinto de vivencias primeras, que se va ampliando conforme la persona va envejeciendo y cumpliendo más años”. Le doy las gracias por ilustrarme, pero, la verdad, lo que me está diciendo es que la vejez se inaugura con recuerdos, y que éstos son directamente proporcionales a los años cumplidos, esto es: a más viejo, más amplitud de recuerdos, empezando por la otra punta.

Vaya una leche… Para cuando mi cerebro tenga la necesidad de evocar recuerdos que se me reclaman con cierto rentintín, tendré que rondar la nonagería, según esta teoría. En román paladino, igual estoy criando malvas para entonces, y ya no necesito puñetero recuerdo que llevarme a la mente… O igual aún respire, pero el ojo del pollo no me haya hecho efecto alguno. Como ustedes comprenderán, para este viaje no necesito alforjas algunas. Lo cierto (pienso después) es que mi amigo podía habérmelo explicado desde un ángulo más amable, más poético, o más bonico, aunque fuese lo mismo: “el alma necesita su perspectiva para valorar su propio pasado, y hasta que no la alcanza…”, y la verdad es que hubiese quedado de lujo, el tío…

El fondo hubiera sido el mismo: solo se valora desde la vejez, pero la forma, o la fórmula, hubiera quedado más bordada, ¿no les parece a ustedes?.. Y aún podríamos profundizar más con esta manera, pues la perspectiva solo se consigue de un solo y único modo: desde la distancia. A mayor distancia, mayor perspectiva, más elementos que añadir que, en el principio de todo, pasaron desapercibidos… Así que a este amigo, por si acaso leyera éste, le diría: pon el ejemplo del cuadro, macho, que solo se puede valorar desde la distancia… De nada.

Y así uno se da cuenta que, al igual que las gallinas pasan su vida poniendo huevos, nosotros pasamos la nuestra poniendo recuerdos, o pintando cuadros, o haciendo fotos para la memoria, y lo vamos colgando todo de nuestra personal y particular galería; y cuyos primeros los volvemos a examinar con otros ojos (a lo mejor los del pollo del principio) que dan perspectiva y distancia a las cosas y los casos… Sea como fuere, que cada cual se aplique el bálsamo según mejor le venga, o le convenga, que viene a ser lo mismo.

Y viene a ser igual porque el ir y el venir, como el convenir, es lo mismo en este cuento de hoy… Nadie puede regresar (aún con el pensamiento) a lo que antes ha sido y aún no se ha ido. Nadie puede analizar lo que antes no se ha sentido. Y nadie puede llegar a ningún sitio si antes no se ha partido de otro. Mi amigo el terapeuta lleva razón: Solo el tiempo te pone en tu sitio, y nosotros – esto último lo añado yo – no somos los dueños del tiempo, sino que es el tiempo el que se ha adueñado de nosotros.

Así que sí, que vale, que bueno, que el tiempo me va colocando en mi sitio enseñándome las primeras fotos del álbum. En orden progresivo a como sucedieron, pero inverso desde que las vivimos, comparado con nuestro ahora… Por lo que, de acuerdo, acepto pulpo como animal de compañía. Todo normal y perfectamente explicable, no diré yo lo contrario, Dios me libre, pero me asalta la pregunta final, que quizá tampoco sea la última pregunta, maestro: Esto es así, ¿por qué?.. ¿con qué propósito?, ¿qué finalidad tiene este Cinema Paradiso?.. ¿Qué Fredo me envía todos esos fotogramas de películas antiguas que hicieron a lo que Totó es?… No siento arrepentimiento de nada, pero sí añoranza de todo. Y ninguna lágrima, ninguna, me es ajena.

        Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com

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