PUEDE SER QUE...

 

Tú mucho quejarte del mundo y de la sociedad que formamos, pero no es que prediques con el ejemplo…”, me reprocha uno de mis más o menos habituales. En cierto modo, no deja de ser cierta la tal aseveración. Pero el concepto “Ejemplo” tiene muchas facetas, y no todas se activan como uno quisiera. No quiero justificarme a mí mismo, ni mucho menos, pero, lo crean o no, pago mi pobre tributo por el hecho de no pensar ni obrar como la mayoría espera, y hasta quiere, que se obre. El ser un tipo un tanto raro no es precisamente un galardón, sino todo lo contrario, un baldón. Y lo que es peor, señala más que libera.

Pero admito el pescozón, naturalmente… El cambiar el estado de las cosas, desde la guerra al hambre; de la desigualdad a la justicia social; o del hedonismo al compromiso, pasa por cambiar el propio sistema personal de pensamiento y comunicarlo a los demás, pues uno solo no puede hacer nada. Y eso implica incomprensión, críticas, y muchas veces, soledad. Todo cambiaría si todos cambiásemos nuestros patrones mentales y nuestros esquemas intelectuales. Y para eso se necesitaría un cuasi-milagro.

Por ejemplo práctico: se sabe que la ropa y complementos baratos que se adquieren a través de esas empresas de las redes, no solo no pagan impuestos que colaboren al bien general, sino que se hace todo en régimen de esclavitud para niños y mujeres de muchas partes del mundo… Se sabe, como otro ejemplo más, que gigantes multinacionales de ese tipo de ventas, están invirtiendo en armamento y en el mantenimiento de las guerras. Y otras muchas tecnológicas también, al amparo de permisivas leyes promulgadas por su siervo/esclavo Trump, entre otros desaprensivos.

E igual ocurre con las industrias de la energía, la alimentación, y otras tantas en manos de oligarquías financieras que nos convierten en, además de su rendida clientela, en sus piojos productores de lo que acaparan para luego vendérnoslo en sus templos y cadenas de consumo. Un enriquecimiento basado en el empobrecimiento ajeno y general… Se necesitarían muchos artículos como éste para exponer a todos y cada uno de esos conglomerados… Y, sin embargo, bastaría con una conciencia global basada en el compromiso. En dejar de alimentarlos y hacerlos ejes de nuestra propia existencia. Irían cayendo uno a uno como fruta madura, pues nos han convertido en parte del engranaje de una cada vez más deshumanizada maquinaria.

La cuestión es: ¿estamos realmente convencidos de que eso es así?.. La anchura y complejidad de su respuesta nos retrata a todos y cada uno de nosotros mismos. Habrá quién lo admita, pero se declara inútil en el intento: ¿qué puedo hacer yo?.. es el sello que se estampa normalmente. Habrá quien no quiera calentarse la cabeza porque están ocupados en muchas cosas y preocupaciones de su propio trajín… Habrá quiénes piensen que bueno, que puede, pero eso que lo arreglen otros, que yo ya… ya yo… Como habrá quiénes crean que son tesis conspiranóicas de locos e iluminados.

Un servidor, como dice mi seguidor, ladra pero come del hueso que le dan a roer… Cierto. Y me acuso de mi falta de responsabilidad, dado que la coherencia es de doble vuelta, crean ustedes lo que cada cual quiera creer… Podría ser aún más “perro verde” de lo que ya soy, y plantear alguna huelga del hambre, o marcharme a vivir a la cueva más alta e inhóspita del monte más descalabrado y alejado. Es verdad. Pero, como la inmensa mayoría de ustedes, soy un cobarde que lo único que hago es apartarme de los abrevaderos en lo que buenamente puedo y gritar a través de estas líneas con las que les amargo el día a día.

Así está mejor, ¿verdad?.. Cada cual en su sitio, y todos con todos. Yo ya he asumido la intransigencia de mi intolerancia (es lo que, por otro lado, también se me achaca), e intento digerirla como Dios me dé a entender, si es que Dios se ocupa de tales menudencias, que no creo que pueda llegar tan bajo como para darnos masticado de lo que no sabemos, ni queremos, alimentarnos. Por eso que yo acudo cada vez más a la filosofía y a la ética, aunque solo sea por llevar la contra a los Planes de Educación – o deseducación – establecidos, que se empeñan en suprimirla para luego, después, negarla, llegado el caso… Miren, ahí sí que soy un jodido y puñetero rebelde.

Y encuentro consuelo en Confucio, cuando suelta aquello de que “todo lo que no es, tiene su razón de ser porque nos empeñamos en que así sea”… Dicho en román paladino: Lo que nos parece que ES, no existe; o como lo dice la Física Quántica, ya puestos: creemos lo que queremos, porque así lo creamos… Todo lo cual quiere decir que cuánto apreciamos o envidiamos, incluso muchas de las fes oficiales en las que nos han, y hemos, hecho creer, son más ilusión que realidad, dicho en fino. O en escatológico: la cagada del caganet… O de otra manera: somos como esa mala compañía de teatro itinerante que solo sabe representar dramas, y encima se los cree.

Ese es, precisamente, el estoicismo que me falta y que no dejo de buscar por los rincones, y que, cuando lo encuentre, ya no lo necesitaré para nada… Mientras tanto, pueden decirme lo que su sinceridad les dicte. Admito toda crítica, aunque algunos crean que no. Lo que no admito es que me tuerzan el pensamiento razonado. Cada cual habrá de dar alas, o poner bridas, al suyo propio, pero nadie puede pensar a nadie ni entrar en los pensamientos de nadie… Un día muy lejano, un tocayo amigo mío me dijo que “no puedes disimular ser lo que eres, por mucho que te niegues a ti mismo”… Y, al final, va a ser que tenía razón.

Hubo un tiempo, hace mucho, bastante, en que yo creía que faltaba en algún sitio; hoy, sin embargo, me doy cuenta de que más bien sobro de todos… Y estoy a la espera de expectativa de destino, como se decía en la mili tras la jura de bandera; y de que el Revisor me pique el billete… Mientras tanto, me tendrán que soportar los que me soportan, o malsoportan, aunque cada vez valga menos la pena hacerlo. Tampoco les arriendo las ganancias… Pero sí, llevan razón, predico más trigo del que doy.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

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