ANTES DE...

 

Hay varios que me dicen que cito mucho el Big Bang, pero hablo poco de él… Lo cierto es que soy un seguidor de la teoría de Stephen Hawkings, pero en modo alguno soy un experto, y lo que sé lo he ido esturreando por todos los artículos en los que he citado la conocida teoría… Sin embargo, un par de ellos me lo han puesto aún más difícil: me preguntan que por qué no me pregunto (valga la redundancia) sobre lo que hubo antes de ese Big-Bang… Pues, a lo mejor, o a lo peor, porque aún sé menos de eso que de lo otro; porque es un terreno donde todo son suposiciones; porque no hay nada demostrable – aunque tampoco lo hay indemostrable – pero claro que me lo pregunto. Naturalmente que me atrae el pensar sobre ello.

Lo que pasa es que eso es algo así – a mí me lo parece – como preguntar qué hay más allá del polo norte… cuando, una vez que se sabe que “más allá de…” es un regresar a un “más acá” que nos devuelve al lugar de partida… Y si, como parece ser, todo el universo es curvo, el ir hacia un “antes de…” nos podríamos encontrar con un final que es el principio… No sé si conseguiré transmitirles a ustedes la idea de lo que tal sentido lógico dicta. Al final de todo, no deja de ser la famosa por conocida  teoría del espacio-tiempo: al viajar hacia atrás podemos encontrarnos con nuestro futuro. Es lo mismo que contesto a los que me preguntan qué hubo antes del principio.

No es nada nuevo. Hace la friolera de 1.700 años, los teólogos estaban embarrancados en ¿Qué hacía Dios antes de crear cielos y tierra?, a lo que San Agustín contestaba con toda su ironía que “preparar el infierno para los que hiciesen esa clase de preguntas”… En realidad es un contrasentido encerrado en una metáfora-trampa: no pudo haber un principio si hubo un antes de ese mismo principio; por lo que, si hubo un “antes” del Big Bang, es que ese principio de todo no existe como tal principio. Es como la cuadratura del círculo: un imposible dentro de toda posibilidad… Lo que mejor se me ocurre es remitirles al símbolo que representa la eternidad: el ocho acostado; una realidad que genera a otra que vuelve a sí misma en sí misma.

Sí, ya sé que la radiación de microondas nos ha permitido datar (en nuestro cómputo del tiempo, claro) cuándo se produjo tal explosión inicial: hace 13.800 millones de años contando desde un momento cero… Vale, de acuerdo, pero, según eso, lo que empezó a correr desde ahí fue el tiempo; ergo antes de eso, lo que existía es el no-tiempo; la ausencia del tiempo, al y como lo conocemos, esto es: lo absoluto… Y dejémoslo aquí. El seguir especulando va a ser pasarme de la raya con respecto a los que no han preguntado… Además, Hawkings habló del inicio del Universo, de nuestro universo concretamente, pero, ¿quién dice que no hay otros muchos universos, paralelos o no al nuestro?.. En realidad es que el Cosmos está poblado de múltiples universos.

La cuestión es, queridos, que no estoy capacitado para andar más camino que ese, por lo que habrán de conformarse con lo poco que he podido avanzar a los que me preguntan… Personalmente, no dejando de ser más que una simple y vulgar opinión, yo me inclino más por la teoría del “Volver a empezar”, como la película de Garci… Esto es: si caminamos continuamente hacia el sur, acabaremos por iniciar el camino del norte, a nuestro norte, a nuestro punto de partida. Y lo que funciona con el espacio, igual funciona con el tiempo (lo demostró Einstein), luego si el espacio no es lineal, el tiempo tampoco lo es; ergo viajamos a un futuro que ya fue pasado… o al revés.

Uno de esos seguidores a los que cito al principio, y que me inquieren, me hace una pregunta suplementaria: ¿se acabará este invento que parece eterno?.. La respuesta es la misma: si tuvo un principio, habrá que tener un final – es una ley cósmica – y si no tuvo principio, pues tampoco tendrá final. La cuestión es: ¿fue el Big Bang un principio, o fue un suma y sigue de otro final?.. Cuando eso se averigüe, sabremos más sobre la naturaleza de Dios, y obtendremos respuestas a nuestras preguntas.

 Sin embargo, existe un detalle observable, demostrable, y a tener en cuenta: todo lo conocido se rige por la Ley de Entropía Universal, esto es: nada nace ni muere, pero cambia constantemente de forma. Y eso da qué pensar: un sistema creado por y para la eternidad, pero cuyo movimiento motriz son infinidad de principios y finales; de nacimientos y de muertes, si bien que aparentes; de transformaciones continuas. En religión se traduce como vida y muerte, pero en física se conoce como la Segunda Ley de la Termodinámica.

Así que contesto un poco como San Agustín, esto es, “para joder a preguntones”, que lo de su infierno, puesto que, si no puedo influir en el sistema, ¿para qué conocerlo?.. que es la contestación de la inmensa mayoría de seres humanos, o de lo que seamos… Lo que pasa es que, a lo mejor, o a lo peor, nos equivocamos como equinos. Porque puede que “el sistema” sí que funcione CON nosotros a pesar DE nosotros. Me explico: que seamos los testigos de lo que nos negamos reconocer. O lo que es lo mismo: que tenemos que llevar a nuestro Norte lo que hemos venido a buscar a nuestro más profundo Sur.

Hasta puede ser posible que en esta respuesta a los que me preguntan, yo mismo me haya contestado a mí mismo sin darme cuenta de haberlo hecho. Suele ocurrir cuando todos buscamos peces en el mismo pozo… De hecho, hasta también puede ser que esta realidad nuestra sea un espejo que refleja la imagen contraria de lo que se mira en él… O sea, tres cuartos de lo mismo, pero en bueno, en mejor, buscando lo perfecto.

Miguel Galindo Sánchez / www.escriburgo.com / miguel@galindofi.com

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