EL VALOR DE LO SIN-VALOR

 


Un cuento del Zen habla de un viejo que iba todos los días de su casa a un pozo de las afueras de su pueblo con un viejo cántaro de barro, al que llenaba de agua poniendo sumo cuidado metódicamente en cada detalle del proceso: lo bajaba lentamente en perpendicular con una cuerda, evitando oscilaciones que pudieran rozar o golpear la desgastada arcilla del recipiente, y lo alzaba con sumo cuidado y esfuerzo una vez lleno… Un joven estudiante observaba el laborioso trabajo que el anciano realizaba cada día…

Así que decidió abordarlo y proponerle un ahorro considerable de esforzado trabajo, meticulosidad, y tiempo empleado en tal agotadora labor, tan solo que empleando el sencillo método basado en un simple brazo accionado con una polea: bajaría el cántaro verticalmente sin riesgo alguno, y lo alzaría con toda rapidez, seguridad y con un mínimo esfuerzo por su parte. Y ahorraría más de la mitad del tiempo empleado. Y de tal forma se lo expuso… Tras pensárselo por unos momentos, el viejo le respondió: “Te doy las gracias por tu interés; estoy seguro que ahorraría tiempo, cuidado y esfuerzo; pero, sin esa atención, concentración, tiempo y esmero que le dedico, también estoy seguro que el agua no estaría tan buena”…en cuatro palabras: la atención mejora el producto.

Exactamente igual, y muchísimo más, ocurre con un guiso, o cualquier otro alimento cocinado. La atención, el cuidado e interés en elaborarlo es el mejor de sus ingredientes… Y la suma del saber se traspasa al sabor, y a la cualidad y calidad del resultado; lo que igual redunda en nuestra propia salud. Y esto, muy directamente y muy especialmente... Más de cien estudios realizados por organismos como la Organización Mundial de la Salud, Unicef, The Lancet, etc. denuncian los riesgos en la ingestión de alimentos procesados y ultraprocesados. El dictamen es lapidario: “La comida basura que amenaza la salud pública ya domina la dieta global, impulsada por el afán de lucro empresarial”. El 89% de los alimentos infantiles, por fatal ejemplo, incumple los más básicos criterios de la O.M.S.

Pero no es solo que las compañías – verdaderos trusts de oligarquías económicas – bloqueen leyes, normas, regulaciones y disposiciones sanitarias y de consumo, es que también manipulan a la opinión pública impunemente, así como intentan silenciar la evidencia científica en su contra, en base a un marketing con presiones de lobby. Los investigadores hacen comparaciones constantes con la industria tabaquera en su inicial, y criminal, ocultación de hechos probados… Un buen número de científicos señalan a un puñado de fabricantes que dominan el mercado, como Coca-Cola, Kraft, Heinz, Danone, Ferrero, Pepsico, Nestlé, etc. (EP-19/11, pg.32).

Pero el talón de Aquiles de todo esto reside en que ya todo el mundo prefiere la polea al esfuerzo, como lo del viejo del pozo… Juan Roig, presidente ejecutivo de Mercadona, lo ha vaticinado claramente y sin disimulo alguno: “Para la mitad del siglo XXI, ya no habrá cocinas”… Por ese camino vamos. Si acaso, algún horno o microondas para recalentar lo ya procesado y/o reprocesado, y va que chuta, y aunque nos repitan hasta la saciedad que estamos envenenando lentamente nuestros organismos, y que sus frutos son la multiplicación de enfermedades degenerativas… “La proliferación global de los alimentos procesados y ultraprocesados se ha convertido en una de las amenazas más urgentes para la salud humana del siglo XXI” (Unicef en el pleno de la Onu).

Sabemos, pero no queremos saber: los ultraprocesados no son comida alimentaria, son preparados industriales comestibles, que estimulan el apetito artificial y proporcionalmente… Y no lo digo yo, que lo saco de un Informe de la Universidad de Navarra. Lo que pasa es que, al igual que el fenómeno del tabaco, ya existe un arraigo genético en las nuevas generaciones que prefieren ese tipo de subalimentación perniciosa a otra de tradición culinaria, de dietas clásicas, como la Mediterránea, que ya hasta nos viene trampeada desde los negocios de comidas preparadas, en base a productos precocinados o de dudoso origen… abunda el tal informe.

España ha alcanzado en un par de décadas un nivel de ingesta de esos pseudoalimentos de la tercera parte de lo consumido… Según la prestigiosa revista científica The Lancet, lo estamos traduciendo en obesidad, diabetes, grasa visceral, hipertensión, dislipidemia, enfermedades cardiovasculares y coronarias, cerebrovasculares, renales, Crhón, depresión y un montón… El mismo importante medio denuncia que las empresas involucradas “coordinan grupos de interés mundiales que presionan a políticos y gobiernos, realizan donaciones, y se involucran en litigios que alargan los pleitos, y las medidas políticas que investigan estas causas de mortalidad”…

Como verán, es un auténtico Caballo de Troya el que nos estamos metiendo entre el pecho y la pared de nuestros estómagos… Sin embargo, en esto, como en otras cosas, nuestros verdaderos enemigos no son las multinacionales y cadenas alimenticias (esos son solo los verdugos), sino la clientela ciega de tales monstruos, esto es: NOSOTROS. Nosotros mismos somos nuestros peores y más letales enemigos. Nosotros somos los que pagamos un sobrecosto artificial en precio, y con nuestra salud, mientras ellos se enriquecen a costa de nuestro absurdo cretinismo.

Quien nos dijo que la vida es todo comodidad y halagar nuestros cada vez peor criados y maleducados egos, nos engañó a fondo… La única verdad es que cada vez somos más débiles, inseguros e ignorantes, en exclusivo beneficio de los que nos esclavizan comprándonos con el precio al que nos vendemos incultamente… Ya no solo nos dan (aparentemente), también nos hacen y deshacen, nos susurran, y nos guisan, sino que también nos piensan, nos utilizan y deciden por nosotros. Cada vez somos más inútiles en un mundo en el que hasta los huevos pasados por agua nos los van a dar a sopar macroprocesados… es esa vida la que nos va a vivir a nosotros, al ya no saber ni vivir nuestra propia vida.

¿Quién dijo aquello de “no les des peces, sino enséñales a pescar”?.. Ya no nos acordamos, ni tampoco queremos acordarnos… ni tan siquiera queremos escucharlo… El viejo del cuento del cántaro y la garrocha es más sabio que todos nuestros sabios juntos y en manada; que creen saber cuánto más ignoran.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ // www.escriburgo.com // miguel@galindofi.com


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