EL PRINCIPIO

Los prolegómenos del catolicismo, en realidad, fueron arrinconar al cristianismo. Constantino practicó el politeísmo romano, y la adoración al Sol Invictus, desde que nació hasta que lo bautizaron en su lecho de muerte, y no se bajó de la burra de sus creencias mientras vivió, pero su genio político, en medio de continuas guerras civiles en las que se disputaban el imperio, le dictaba una estrategia ante la posibilidad de echarle mano (y echarse una mano) a una nueva y pujante creencia: los que a sí mismo se llamaban cristianos… Una sola religión, un solo imperio, un único emperador. Un astuto consejero – antiguo senador romano, que fué amante de su madre, Helena, se anticipó a la jugada, autoproclamándose obispo (de Córdoba), siendo el artífice de todo el tinglado. Osorio se llamaba el tipo.
La cuestión era obviar a la Iglesia heredera de Jerusalén, la auténtica, bajo la cabeza de Santiago, hermano de Jesús, y abrazar y apoyar el nuevo constructo ideado por el judeoromano Pablo de Tarso, el cual, tras fallar en su intento de hacerse con el liderazgo y control de los de Jerusalén, se autoproclamó a sí mismo “apóstol de los gentiles”. Un cristianismo paulino convertido en católico, que era lo que más convenía a Constantino y sus “boys”; puesto que los originarios cristianos tenían prohibido matar, incluso a sus enemigos, y él los necesitaba que mataran por su religión, que era, al fin y al cabo, por sus intereses políticos… Al antiguo perseguidor de los cristianos – Pablo – le fué tremendamente fácil dirigir la culpa de la muerte de Cristo a los judíos, eximiendo a los romanos, en ese dudoso y burdo montaje del “salva a Barrabás”, cuando la voz del pueblo era la de “salva a bar Abba” , esto es: suelta al Hijo del Padre, como se hacía llamar.
Así que Constantino, una vez que se quitó de en medio a su cuñado, su sobrino, y a parte de sus propios hijos y esposa (“El último César”, de Andrea Frediani), que estorbaban en su camino, con la organización montada por su laborioso “obispo” Osorio, y bajo su personal y estricta e imperial dirección única, convocó el I Concilio de Nicea (325 d.C.), en el que se expulgó a todo disidente de la doctrina oficial dictada por ellos; y en el que se deshicieron de miles de escrituras cristianas que se guardaban y custodiaban en cientos de pequeñas comunidades cristianas primitivas. Y esto se hizo a sangre y fuego. Y de ahí salió la primera Curia adicta a poder y adepta a Constantino.
Tal que así fueron los orígenes, según la Historia, claro… De la sangría, solo los cuatro llamados Evangelios Canónicos (de cánon = regla) debidamente corregidos en lo que convenía, se instituyeron en ortodoxos, después dogmáticos. Un resto: apócrifos, sinópticos, coptos, de los Hebreos, gnósticos, etc… fueron condenados al ostracismo – unos pocos de ellos – y el resto – la inmensa mayoría – se lanzaron al fuego, a su destrucción, y a la persecución de los que los respetaran… Una escasa parte fueron ocultados, y escaparon de la quema, como los encontrados en Nag Hammadí en 1.947, y que suponen una enseñanza mucho más elevada, rica en contenidos y conocimientos, cuyas fuentes se atribuyen a Pedro, Tomás, Felipe, Judas, la misma María Magdalena, o el propio Jesucristo… Pero no se reconocen, claro.
La luz que arrojan los contenidos de todas esas escrituras, contemporáneas de los cuatro medidos por escogidos e impuestos Evangelios, es tan brillante e inmensa que, no opacan, pero sí que explican, todas las zonas oscuras, e incluso las falseadas y manipuladas, de las obligadas bajo norma y dogma… Naturalmente, sus contenidos, ni siquiera someramente, se pueden escanciar en éste tan escaso espacio. Necesitaríamos algunas docenas de artículos, y aún quedaría escaso para dar un pálido reflejo de sus contenidos. Y aún y así, habría que extractarlos. Eso por un lado…
…Y por otro, ignoro absolutamente si, ni siquiera una minúscula parte, de los que me siguen, estarían interesados en ello… No es que quiera escaquearme tras haber hecho ojear la liebre, ni mucho menos; es tan solo que no sé si estos temas interesan a alguien, o les dan igual ocho que ochocientos. A mis casi ochenta tacos ya noto el beneficio de la economía del esfuerzo – no existe ninguna otra economía – y me parece que ya no es un oficio el tal desperdicio… Creo que ustedes sabrán entenderme.
Así que, si les parece, podemos hacer un trato. Ustedes se toman la molestia de hacerme llegar su parecer a mi oferta, ya saben: e-mails, whatshaps, sms, y todo el poderío tan cómodo de las redes a mano; o el abordaje directo de los prójimos más próximos, y, si es que en verdad lo estiman de interés, yo me comprometo a intentar satisfacer en todo lo que sepa y pueda… “que no es por no ir”, como dice el manchego Pepe Mota, “que si hay que ir, se vá… pero que ir pá ná…”.
Lo digo también, porque cada vez existe una mayor polarización y un menor respeto contra los que creemos distinto al general establecido. Gentes de mi edad que se me tiran a la yugular de mala manera, como también lo contrario, gracias a Dios: gentes de familia que me transmiten su respeto y cariño, a pesar de estimar y defender ideas opuestas… “una católica y un gnóstico que encima se quieren”, le reconocía el otro día a una persona de querencia estrecha…” No importa lo que cada cual crea, si se pone el querer por encima del creer”, no es una frase mía, sino de un amigo cura que hoy debería ser santo, y que nos apreciábamos por encima de nuestras aparentes diferencias.
El ” a (nuestro) Dios rogando, y con el mazo dando” es la jaculatoria de toda religión antigua y caduca, e intolerante… La de la nueva religión debe ser “la querencia por encima de la creencia”. Al fin y al cabo, es la que vino a traernos aquel Jesucristo que nos quitamos de encima por ese mismo motivo, y con el que llevamos más de dos mil años retrasados. Ya va siendo hora… Aunque, tal y como yo veo las cosas, entre las personas que habitamos este mundo, aún nos queda algún milenio más de maduración… Practicamos más y mejor la cerrazón mental que la apertura mental… Aún no estamos preparados.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
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