PISTAS

 

Siempre he considerado partes distintas y distantes de las Escrituras, unidas por una clave común, como un mensaje semivelado (también semirevelado) y más o menos oculto, como la muestra de los relatos antetestamentarios del Génesis, o de la Caída; con el milagro de la resurrección de Lázaro, o la parábola del Hijo Pródigo, por ejemplo… El otro día, leyendo un nuevo libro: “El Profeta”, de José Mª Zavala (otro más), me volvió el paralelismo con el que veo la relación… Naturalmente, una interpretación personal no significa nada que no vaya más allá de una simple opinión: la mía, por supuesto.

El referente a lo del Hijo Pródigo, que le suelta a su padre aquello de “dame la parte de hacienda que me corresponde” que yo me las piro a pasármelo de p… madre, y que, tras años de puñetero hedonismo y narcisismo, se vio disputando a los cerdos que cuidaba su propia comida entre la mierda, recordando, defraudado, lo que había perdido en el envite; y el recibimiento del mismo que le hizo su progenitor: “…porque lo había perdido y ha sido encontrado, porque había muerto y ha resucitado”, pues había aprendido lo que vale un peine, es un símil de lo de Lázaro.

Cosa y caso que veo más como uno de sus relatos de enseñanza, como mensaje a navegantes, que como hecho real más o menos acaecido… Esas palabras suyas de aparente tranquilidad ante las noticias de que su amigo Lázaro la había palmado, de cierta pachorra, con esas palabras suyas, enigmáticas, de “no está muerto, tan solo está dormido”, establece la misma pista, casi que idéntica, que el relato de aquel hijo de aquel padre, que tampoco había resucitado de un mal sueño, y que, despertando de él, había sido recuperado.

Se acerca a la también parábola de la oveja perdida, calcado en el fondo, pero con una importante variación: en ésta de la cabra que tira al monte, no es el bicho el que vuelve al aprisco, sino que es el pastor el que mueve ficha… En esta otra, el que se tira al monte es un humano que piensa tras las consecuencias de sus actos; y en esta es un pobre animal privado de raciocinio. Pero en ambos casos hay un principio desgraciado de pérdida>muerte>dormición, y un final feliz de despertar>resurrección>re-encuentro, que está meridianamente claro. Y los protagonistas de los episodios: el pastor y una de sus ovejas, el padre de uno de sus hijos, o el amigo que se tiene como hermano, también.

Esos relatos neotestamentarios, como algunos otros, están indicando un camino, que, además, es recurrente en el mensaje del Cristo. E incluso yo diría que es el meollo central de su misión en el mundo… Es  la misma directriz que existe entre las “caídas” cósmicas del Génesis: la de los ángeles, y la de los hombres, o viceversa. Los primeros, porque “querían ser como Dios”; y los segundos, porque “querían saber lo que Dios”. Esto es, las mismas causas con las mismas consecuencias, batacazo incluido… Yo me pregunto si no fue todo lo mismo, y la ortodoxia religiosa lo ha separado para no tener que dar explicaciones que aclaren la relación humano-angélica, que, si bien pueden ser dos niveles evolutivos distintos, no existe ninguna “falta” diferente, ya que es una sola y la misma; y ya tampoco sé yo hasta dónde fué “falta” o consecuente “necesidad”, pues, en el fondo, ambas palabras significan lo mismo.

Pero fuera como fuera y por el motivo que fuese, está claro que el pastor del rebaño evangélico, el Padre crístico, está pendiente de la ruta del ganado descarriado de los que quisieron ser dioses antes del primer hervor; y anda a la espera (aunque la espera en el no-tiempo divino no existe) de que aprendamos por nosotros mismos el camino de vuelta, conociendo nuestros errores; y recuperemos lo que es nuestro y hemos perdido. Mejor eso que tener que salir a echarse el borrego a cuestas para que se vuelva a escapar, porque, mientras el bicho sea cabra, lo normal es que tire al monte… Siempre ha sido mejor enseñar que ordenar.

Aunque nosotros lo hemos aprendido al revés para con nosotros mismos: nos valemos más de ordeñar que de enseñar… Y en esas estamos: intentando sacarnos los higadillos los unos a los otros, a ver quién es más borde y se lleva la medalla en desperdiciar la herencia que dilapidamos como adelanto de la que nos tocaba… E igual en esas mismas andamos: compitiendo a ver quiénes son (somos) más “muertos que entierran a sus muertos”, mientras damos el paso de animales a personas, y empecemos a pensar, que ya va siendo hora, y no hay reloj que la marque.

El nombre de Lázaro, el de “levántate y anda”, viene de Eleazar, cuyo significado etimológico es “Dios ayuda”… Pero fíjense bien fijado que ayudar no significa decidir. El Padre-pastor puede guiar, echar una mano, indicar, aconsejar, pero respeta nuestra decisión de querer decidir por nosotros mismos, si así es nuestra voluntad. No seamos tan cínicos encima de aquello de “lo que Dios quiera”, porque es mentira… Nos empeñamos en lo que queremos nosotros, aunque no sepamos lo que queremos.

La genuina y auténtica verdad la hemos olvidado – o querido olvidar – y hemos de decidir si queremos recordarlo; si deseamos recuperar lo perdido; si queremos resucitar de entre los muertos… Tan solo nosotros escogemos, al igual que también, en una ocasión, al principio de nuestro tiempo, decidimos por nosotros mismos tomar el atajo por el que nos hemos perdido. La realidad es que somos la clave de bóvedaaunque no tengamos p… idea.

MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ / miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com

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