¿MACHO O HEMBRA?
Una
seguidora y “muyseñoramía”, pues hay que tener pelendengues (no quiero
creer que sea mala intención) para plantearme una pregunta así, me empasta en tós
los morros: ¿Según tú, que tanto sabes de estas cosas – yo no he
presumido de eso jamás – Dios es macho o hembra?.. Ahí queda eso. Así,
como cualquier cosa; como el que no plantea nada… Pero un servidor del
convento, gilimoñas perdido, que soy un recogedor de guantes hasta para recibir
las tortas del revés (menos cuando son preguntas retóricas, claro), pues aquí estoy,
tratando en un artículo que se llevaría un menguado libro.
Yo
podría responder como la del gallego, con otra pregunta: ¿a qué dios te
refieres?.. pero no saldríamos de lío que quiero evitar. Según los patriarcas,
judeocristianos, claro, Dios es mero macho, como Dios manda, naturalmente –
Sagradas Escrituras dixit - y al que
Jesucristo rescató, no como un dios/padre, sino como un dios/papá, casi que
apuntando a un Dios más materno que paterno. Un padre-madre amoroso, dulce,
comprensivo, que ampara y perdona; características, por cierto, más femeninas
que masculinas.
Pero,
para ser lo más neutral posible, vayámonos a la etimología de su nombre por el
que lo conocemos, a la semántica de esa misma palabra, si les parece bien, y
por empezar la cuerda por algún cabo… Parece venir, y de hecho es de ahí de
donde viene, del griego Theos, que, latinizado, viene a ser el Dios (deus) que
empleamos. Vale Pues fíjense que “os”, en ambos casos indica plural, aunque
luego la teología lo singularice como “un solo dios”. Pero eso significa
“más de uno”… Y si no le convence, fíjese que el vocablo DI significa
dos, división, como di-ablo, precisamente.
¿Dos
personajes?.. No tiene por qué ser la parejita, pero sí que muy bien pueden ser
DOS principios creadores que representan a lo que nosotros entendemos por
masculino y femenino… Incluso me atrevo a decir más: dos energías polarizadas
que, en la materia, bien pueden plasmarse como un primer ser andrógino, del
cual derivamos a seres sexuados… Todo apunta a ello. Lean el Génesis, 1-27, con
respecto a la creación de Adán, y no lo puede plasmar más claro: “A su
imagen lo creó; macho y hembra los creó”…Si los dos artículos los pongo en
singular y/o plural es porque, según en qué versión, así mismo aparece en la
Biblia.
Podría
seguir contando cuentas del rosario bíblico donde se habla de la androgenia en
los ángeles y en los hombres de la primera humanidad, pero nos desviaríamos de
la cuestión, porque aquí no se trata enteramente de eso… Aquí, lo que se me
plantea es la naturaleza de Dios, y más concretamente el sexo de Dios, aunque
solo nombrarlo así provoque a algunos/algunas que los pelos se les pongan como
escarpias… Lo que pasa es que para llegar hasta este punto, me ha sido
necesario hacer un poco de “cultura histórica” de lo que siempre hemos
entendido como macho y hembra.
Y
ahí, justo en ese punto, es donde caemos de nuevo, otra vez más, en el
socorrido error de construir a Dios a nuestra imagen y semejanza, para luego
proclamar, urbi et orbe, con todo el dogma, que no, que es al revés, al
contrario, que es Dios el que nos ha hecho a su imagen y semejanza… Otro error
consentido y promocionado, entre tantos otros. Pero bueno, ese mismo, y no
otro, es el lugar de partida de lo que tratamos: del planteamiento simplista de
imaginar a Dios según nuestra naturaleza humana.
Pero
no, querida amiga. Dios no es ni macho ni hembra aun siendo ambas cosas a la
vez… O sea: reúne los atributos masculino y femenino sin tener que ser macho o
hembra específicamente… O como se dice en otro versículo del Génesis (3.1,19)
con respecto a la extracción de Eva del costillar (côte = lado) de Adán: “y
se llamará varona, porque fue sacada del varón”… La antigua iconografía del
catecismo dibujaba a Dios como un ser de largas barbas (varón, por lo tanto)
subido en algodonosas nubes, y con un triángulo, como la montera de un torero,
con un ojo bien abierto y vigilante para que nada escapara a su control; y aún
muchos/muchas en la actualidad se lo siguen representando así en su
pensamiento.
Nada
que ver con las más antiguas religiones de las más antiguas culturas, en que se
adoraba a la Diosa-Madre, por el mero hecho de que la generación=creación se le
asignaba al principio femenino de la naturaleza, que es lo lógico… hasta que
llegó un patriarcalismo que abolió el culto natural. De hecho, la Iglesia
Católica, heredera directa del judaísmo, lo que hizo fue “virginizar” a
cuánta diosa encontraba en esfinge, asignándole un culto mariano, al que sacar
luego en procesiones, como Dios y su Curia mandan, si bien la que manda es la
segunda, poniendo el Nombre del segundo más o menos en vano.
Pero
Dios reúne en sí mismo ambos principios – aparentemente opuestos – o no es
Dios… Todo cuánto sea generador, o generatriz, de algo, tanto en la energía
como en la materia, lo hace en base a una naturaleza bipolar, que solo en el
reino animal, y parte del vegetal, aparece sexualizada. En la creación cósmica,
que aún sigue: galaxias, universos, etc., la ciencia la reconoce como
antimateria… Burdamente, esa antimateria bien podría ser como el nido de
energía donde se incuba, y se genera, toda la materia. Si no quieren llamarlo
“nido”, llámenlo “útero”. Todo es una representación gráfica para facilitar el
entendimiento en lo posible.
Y
hasta aquí llego con el caso de esta cosa… Dios se hace a sí mismo varón-hembra
en nosotros, y dándonos conciencia de ello; pero sin llegar a serlo en Sí
mismo… Dios es mucho más que cualquier noción que se nos pueda ocurrir. Todo lo
demás, que es lo que hacemos, es reducirlo a nuestra propia y minúscula
inanidad con respecto a la totalidad de la Creación; y no se puede abarcar lo
que es inabarcable… Mucho menos sexualizarlo.
MIGUEL GALINDO SÁNCHEZ
/ miguel@galindofi.com / www.escriburgo.com
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