LO QUE FUÉ Y ES

Hay mucha más gente que me conoce que yo conozco… Quizá se deba a que he estado más expuesto en lo público que la media, y eso hace que haya tratado con tanto personal que ahora ni me acuerdo de ello, pero esas personas sí que me reconocen, sea para bien o para mal. La verdad es que así es difícil escaquearse en el anonimato, aunque ¿para qué lo quiero, si no lo necesito para nada?.. Digo que me es neutro pasar desapercibido, o no, pero sí que me pone un poco molesto, y un mucho avergonzado, el que alguien me pare con toda familiaridad, y yo no poder corresponderle porque no sé ubicarle. Y eso lo considero un problema.
Po ejemplo, el otro día me encuentro con una mujer que me abordó, visiblemente contenta, interesándose por mi salud y estampándome un par de besos: “tú me diste los prematrimoniales – me soltó – y en uno de los dos temas de religión… aún recuerdo lo que dijiste de Jesucristo”… ¡Válgame la pera limonera!.. ni siquiera me acordaba que había dado ese tipo de cursillos, y que mi querido cura Antonio terminó por largarme el tema de religión, la parte religiosa que abordaba él, pues el resto eran temas prácticos, psicológicos, y hasta antropológicos, cosa que hoy, en la actualidad, se consideran casi que heréticos… “Tú puedes decir lo que a mí no me dejan”, me susurraba, y en esas andábamos siempre liados… ¡Qué buen cura era ese cura!.
…Y empecé a recordar. No me extraña en absoluto que mi encontradiza interlocutora, aún haciendo casi treinta, o quizá cuarenta, años de esto, entonces le causara impacto. En aquellos años ya me basé, para armar aquella temática, en el teólogo Leonardo Boff, padre de la entonces Teología de la Liberación, y, poco después, atacado y condenado por la Iglesia, junto a Ernesto Cardenal (al que conocí personalmente), y tantos otros… Me pregunta, aún interesada, si esa interpretación de los hechos que yo exponía, sigue estando vigente, pues no ve que haya evolucionado nada en ese sentido. Le contesto que, a mi parecer, la Católica ha involucionado, pero que la visión de esa verdad sigue siendo universal, por mucho que se quiera ocultar y/o disimular.
Existe una cristología de Dios al Hombre, que es la utilizada y controlada por la Iglesia; y existe otra cristología, que va del Hombre a Dios, que es la usada por esta corriente, pero “experimentada” a través del propio hombre… En el primer supuesto, todo es dogmático y está bajo severo control; y en el segundo, por el contrario, es experiencial y liberador. El método es cambiar el dirigismo por la orientación, el catecismo por la acogida… Aquellos fueron los últimos coletazos del concilio Vaticano II, impulsado por el papa Juan XXIII, que quiso volver a la Iglesia a sus principios, y devolver a sus principios a la Iglesia (no es lo mismo). Pero que, desgraciadamente, aquello fué frenado y parado por una Curia poderosa que no quiere perder sus privilegios; interesados más en el poder, la influencia y la posesión de riquezas. Aquello no se logró, pero se plantó la semilla.
Y una semilla nunca muere… Siempre está ahí, dispuesta a ser plantada mientras haya voluntad y exista tierra en la que poder germinar. Esa es la parte positiva: que lo que fue, puede seguir siendo. La parte negativa es que, cada vez, desaparece más tierra germinable. O, al menos, eso es lo que me parece. De ahí que, cuando, con el paso del tiempo, o lo que llamamos tiempo, uno se reencuentra con un personaje que estuvo, y que retuvo; y que ahora te recuerda a ti lo que no se debe olvidar aunque tú lo hayas dado por olvidado, eso reconforta el ánimo, y más cuando encuentras semillas guardadas que pueden brotar como una resurrección.
Es justo lo que yo entonces exponía: un Jesús, no hijo de un padre, sino de un “papá”, que es lo que en puridad significa Abba… Un Hombre que asume convertirse en Cristo, resucitando en sí mismo, pero no en la reanimación de un cadáver, como el de Lázaro, sino como la irrupción de un hombre Nuevo en un Hombre Viejo. Lo que S. Pablo revela en Corintios 15,45 con su “novissimus Adam”, el nuevo Adán nacido en, de, y por Jesús… Ese, y no otro, es el sentido de la resurrección… El Bautista se dio cuenta en el momento en que lo vio entrar en el agua, y lo que hizo fue confirmárselo, decirle que el Reino de Dios se daba en él.. Y, a pesar de eso, se tomó un buen retiro en su desierto personal, para pensarse el asumir tamaña responsabilidad, o no asumirlo, en su pleno libre albedrío.
Poco más o menos, en términos generales… Lo demás es querer justificarse como mediocres intermediarios de un prodigio a cambio de su parte en el pastel del dominio de marca. Pero Jesús, el después Cristo, dejó muy claro que Abba y su Reino estaban dentro de cada ser humano: “buscadlo en vuestro interior, y no en templo alguno”, esto es: no es un reino material, es un reino espiritual al que se accede a través de la conciencia humana elevada a consciencia divina. Por eso mismo que, el galileo, cuando resucitó del hombre viejo al Hombre nuevo, este Reino dejó de ser el suyo para transcenderlo… No hace falta matricularse en la Sorbona para entender esto.
La resurrección de la carne no es más que una metáfora del cuerpo-crisálida que nace de otro cuerpo… En definitiva: Cristo sería la resurrección interna de Jesús en sí mismo; su transformación de Hijo del Hombre al Hijo de Dios… Lo de la redención no es un acto mágico, sino una consecuencia; y lo de que “nadie llega al Padre si no es a mi través”, es que Ël es el modelo, el prototipo, el avanzado, el manual de instrucciones humano, la guía que indica el camino. “Yo soy el camino, la verdad y la vida”… La diferencia entre los vivos que viven la vida (eterna, por cierto), y los “muertos que entierran a sus muertos”, como igual dejó dicho para que no se nos despistaran los avisados… En fin, todo eso que dijimos ayer, como también dijo Fray Luís de León, y que me alegra mucho que alguien lo recuerde.
Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com
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