TIEMPO

Unos dicen que el tiempo existe, otros lo niegan, y unos terceros afirman que tan solo es una sensación de nuestros sentidos (valga la redundancia)… Einstein hablaba de que el tiempo “fluye” en su no-existencia real. Los filósofos cuentan de un tiempo fuera del tiempo… ¿Acaso podríamos conocer el tiempo conociendo su naturaleza?.. Puede ser, pero nos encontramos con que el tiempo no tiene naturaleza propia. Carece de ella. Solo tenemos la referencia pasado-presente-futuro, como una línea contínua, pero eso es porque tenemos conciencia de los acontecimientos que “pasan” y que “nos pasan”, y nos creamos a nosotros mismos una ilusión de continuidad, como una película… Pero eso, tampoco es el tiempo.
Pongamos un ejemplo concreto, pero elemental: esto que estoy escribiendo aquí lo hago en un presente determinado de mi vida normal, pero que aguarda turno y se publicará en su momento oportuno… Y usted, que lo está leyendo en este otro momento, marcará su presente, que es mi futuro respecto a este momento en que lo escribo… Dos presentes distantes y distintos que se multiplican exponencialmente por el número de personas que lo lean. La teoría es la del tiempo lineal desde que lo escribo hasta que se publica y se lee, pero la realidad es que éste presente mío del ahora posibilita infinidad de presentes ajenos, aunque para el mí de hoy, suponga el futuro.
Veámoslo desde otra perspectiva: si usted se sube a la torre de un campanario, podrá ver al viandante que se acerca al pueblo por el camino de entrada a la calle de la iglesia. Ese es su “presente ampliado” como se le llama en física. Pero el que está a pie de la torre, experimentará un presente sin la existencia del caminante, que será en su futuro, cuando el viajero llegue a su altura… En román paladino, habrá vivido dos “tiempos” mientras usted los habrá experimentado en uno solo… Y, sin embargo, es todo lo mismo, si bien que visto desde distintas perspectivas, desde diferentes ángulos de visión.
Luego está el otro fenómeno derivado: el espacio… La sensación de espacio la crea la distancia entre dos referencias (causa y efecto, por ejemplo), y el tiempo es lo que media entre la una y la otra. Vale… Pero si otra vez nos elevamos a determinada altura, nivel, dimensión, etc., tanto la percepción de espacio como de tiempo, al ampliarse, desaparecen ambas, y todo parece ocurrir a la vez, en un mismo instante. Eso es a lo que Einstein llamaba la relatividad espacio-tiempo; y como necesitaba una especie de “medidor” que lo estableciera, se sacó de su prodigioso magín la velocidad de la luz, como una especie de reloj que alteraba (acortando o ampliando) esos supuestos viajes del tiempo, o en el tiempo… Pero todo esto no quiere decir tampoco que eso sea absolutamente real. Lo que quiero decir es que en la dimensión física en la que estamos, o parecemos estar, necesitamos de formas de medida concretas para poder explicárnoslo.
Pero fíjense que hablo de “dimensión física”, de lo tocable, lo sensible, palpable y medible… Sin embargo, esa masa física es material, y resulta que toda materia, como ya saben, está compuesta de energía vibratoria. Y ya estamos hablando de otra dimensión, u otras dimensiones, con grados vibracionales infinitamente distintos, y, por puñetera lógica entonces, también con infinitas manifestaciones del jodido espacio y el puñetero tiempo, ya dicho sea de paso y porque viene a cuento… Y hasta este punto quería un servidor de los frailes llevarles de la mano sin que se me pierdan por el camino.
Ahora supongamos – aunque sea mucho suponer – que Dios no es como nos lo han contado y hecho creer… Supongamos, digo, que, si bien dotado de primigenia inteligencia, ese Dios estuviera presente (pongamos como autor) en lo que el físico Steven Hawkings nos descubrió como el Big Bang, o principio material de todo lo conocido… Adviertan vuesas mercedes que no hablo del TODO, si no de cuánto nos es conocido, que ni es lo mismo, ni tampoco es igual. ¿Lo tienen?..
Cojonudo pues… Ahí nos encontraríamos con una Realidad fuera de toda realidad. Eso quiere decir que en esa muy superior dimensión regirían otras leyes físicas no-físicas, según las conocemos nosotros en nuestro nivel de realidad, ¿vale?.. Digamos en un todo-presente (místicamente, la presencia de Dios). No resulta ilógico entonces suponer que, en ese estado, o dimensión, o nivel, o grado, o lo que sea, no se precisa ni la distancia ni el tiempo para su existencia… It ist the questión. Ese es el Dios al que nos apunta la física quántica, en definitiva.
De ahí que ese tiempo del que tratamos sea un constructo humano más que divino, y que en… digamos “La Realidad de todas las realidades” no exista, y por eso sea tan cambiante y relativo como avanzó Albert Einstein… Lo demás, es lo demás. Y lo demás tan solo existe en nuestra existencia porque así mismo lo creemos (y lo queremos) nosotros; y porque nos lo creemos, nos lo creamos… Y lo digo así, porque creer no es querer, necesariamente, y como nos lo han hecho pensar: creer es crear, como está establecido desde el principio de todo principio. Y creamos bajo las leyes de la entropía universal, aún sin darnos cuenta de ello. En una aparentemente continua e infinita transformación dentro de un plan cósmico que no terminamos de entender muy bien.
Vale, de acuerdo, soy consciente que la turra que les he propinado hoy puede que no la merezcan ustedes, que seguro que no… Pero sí que merece la pena, aunque sea de vez en cuando, ponerse a pensar en cosicas que nos ayuden a transcendernos, en vez de en cosas que solo sirven para alienarnos… Al fin y a la postre, es nuestro verdadero, auténtico y genuino propósito; nuestro más cierto y único objetivo; nuestra misión como especie humana: el pensar, y dejar pensado, para encontrar el camino de donde partimos y por el que habremos de regresar.
Miguel Galindo Sánchez / info@escriburgo.com / www.escriburgo.com
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